8º fragmento – Gordofóbica

“Señorita, mire usted, yo no como para estar así” me dice María Josefa mientras se echa manos a la barriga, como intentando abarcarla por completo (imposible), y se acerca caminando a la mesa donde me han escondido tras la pantalla de un ordenador que se empeña en no abrir la historia clínica electrónica de quien me ha dicho que la puedo llamar Pepa.

Pepa tiene la barriga hinchada, y ahora mucho menos porque son las 9 de la mañana, pero tendría que ver yo como se le pone por las noches (si quiero me manda una foto por el WathsApp). Tiene 68 años y apenas come, así que no entiende cómo es posible que ya no pueda abrocharse la falda, que algo tiene que tener, que qué prueba le voy a pedir. A ver si va a tener una intolerancia de esas, porque todo le cae mal y le dan gases, o algo malo que le esté creciendo dentro de la barriga.

Hablamos. Le pregunto, me contesta, y no encuentro ni un solo indicio que me haga pensar en una enfermedad orgánica. Que qué es orgánica. Pues aquella que podemos diagnosticar realizándole pruebas que están a nuestro alcance, no parece que sea nada malo, no tiene usted síntomas de alarma. Me mira como si le hablara en chino (me quedan menos de 2 minutos de su turno de consulta y tal vez necesitaría 1 hora para explicarle cosas que probablemente le decepcionarán -pues vaya médica).

Con los embarazos, la vida sedentaria, la menopausia y la edad, vamos perdiendo musculatura abdominal, nuestra faja natural, la que sostiene nuestra vísceras en su sitio. Por casi los mismos motivos, baja nuestro metabolismo y necesitamos menos calorías para vivir, y caloría que no necesitamos y engullimos, va para la saca (llámese grasa visceral -rodeando nuestros órganos- o subcutánea -transformando nuestro exterior-). Mover esa grasa de ahí, almacén construido con el paso de los años por si en algún momento nos quedamos sin alimento, se vuelve una tarea casi imposible.

Hemos normalizado nuestra vida sedentaria e hipercalórica bajo la atenta mirada de la industria alimentaria,que se frota las manos con tanto despilfarro por nuestra parte. Sobrepeso y obesidad han dado paso a todas las enfermedades silenciosas que se asumen como cosas de la edad (hipertensíón, diabetes, insuficiencia renal, artrosis de rodilla, esteatosis hepática no alcohólica -hígados convertidos en paté-…). Y cómo no hablar del normopeso con porcentajes de grasa corporal excesivos.

Buscamos una solución en pastillas, así que la industria farmacéutica se une a la fiesta de la alimentaria.

Somos la sociedad más sobrealimentada y malnutrida que ha existido. Me horroriza tener parte de culpa en eso.

“¡Ten cuidado, que al final te vuelves gordofóbica!“ -que no Javi, que no es eso. Es solo que la pandemia de este mundo que llamamos desarrollado no es solo que no le importe a nadie, es que es un negocio muy lucrativo para demasiada gente a la que le da igual que seamos enfermos.

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