No dar por hecho que siempre estás en tu mejor opción, aunque ésta sea solamente la menos mala de las opciones, es esencial para poder darte de bruces con una oportunidad que te ayude a cambiar aquello que no sabías ni si quiera que no te gustaba y que simplemente habías aceptado por el hecho de haberte dado por vencido (también sin saberlo) hace tiempo.
Cerré mi FB al público porque empecé a tener visualizaciones de algunas de las publicaciones que hacía sobre mis hijas y comentarios que no me gustaron, así que cambié la configuración a privado, y de esa manera dejé de estar tan expuesta, pero también menos accesible.
Desde que empecé a escribir en el blog, el número de visitas y de visitantes ha ido creciendo, y por algún mensaje que recibo, sé que hay gente que de alguna manera se siente identificada con algunas de las cosas que comento, e incluso que les ayuda a tomar alguna decisión pendiente, o les da esperanza, o de repente descubren que había otra opción que ni si quiera habían tenido en cuenta. El hecho de poder haber, en cierto modo, ayudado a alguien, te hace experimentar una felicidad tremenda.
Como endoscopista, la satisfacción que produce un trabajo bien hecho, sobre todo cuando el resultado final es de felicidad para ambas partes, es indescriptible. Te retroalimenta para seguir siendo mejor cada día.
Hay personas que me escriben a través de Messenger para decirme que se sienten identificadas, o que se plantearon tal o cual cosa, que les hice pensar, o que simplemente les gusta lo que leen. Es gratificante.
Por otro lado, es cierto que pongo un poco en bandeja parte de mi intimidad, que podría estar demasiado expuesta. Pero realmente a estas alturas de mi vida no me importa demasiado (perdí la vergüenza), sobre todo porque pienso que la parte que dejo al descubierto para nada me desnuda del todo. Todos dejamos un escondrijo para nuestros pensamientos más profundos. Y porque, además, mis ideas no son nunca absolutas, son opiniones, me encuentro abierta a cualquier otra interpretación, porque la realidad de lo que nos ocurre, nadie la sabe de forma absoluta, y estamos rodeados de tantas realidades como intérpretes de la misma.
Hacer algo es mejor que no hacer nada. Algo, por pequeño que sea, es mejor que no hacer nada.
Hasta hace no mucho tiempo no veía la posibilidad del algo. O era todo, o era nada, pero pensaba que el resto eran medias tintas, y que no servía. Pero es que nada, sirve para nada; y algo, sirve siempre para algo, siempre suma.
Soy consciente de todos los impedimentos no elegidos que podemos encontrar en nuestra vida, la pandemia tuvo a bien recordarnos a todos que no éramos dueños de casi nada. Y sin embargo, la pandemia también me enseñó a ser super adaptable. Aproveché el tiempo, busqué la forma de trabajar, de estudiar, de entrenar, de establecer nuevas formas de disfrutar en familia, de encontrar un hueco en casa para estar a solas conmigo misma…
Todas necesitamos un tiempo para nosotras (ellos también). Necesitamos encontrar la manera de hacer aquello que sabemos que nos haría estar mejor con nosotros mismos.
En una hora libre, Alejandro consiguió ir a hacer algo de deporte. Cuando acabó me escribió un mensaje diciéndome lo bien que se encontraba después, que ojalá que no se le olvidara para el siguiente día, para no tener la pereza que le hacía perder un tiempo precioso. Grábate, le dije. Y el próximo día te lo pones.
Francisca, busca tu tiempo. Algo, es mejor que nada. No tienes que tener un horario definido, siempre el mismo, pero sí necesitas estar alerta para cuando aparezca un ratito, tienes que pedir ayuda, porque algo siempre es mejor que nada, porque una rutina en casa de 20 minutos de ejercicio cuando estábamos en pandemia, te aseguro que a mí me dio la vida.
A mi me vale centrarme en buscar soluciones y dejar de pensar en impedimentos. Pero esto, también hay que hacerlo de forma activa. Que todo se entrena.

