No puedo dormir.
Podría decir que las piernas me bullen.
Debe ser una sensación parecida a eso que llaman síndrome de piernas inquietas. El caso es que da igual como me ponga en la cama, no puedo estar de ninguna manera, necesito moverlas para que se me pase esta especie de picor que va recorriendo todos los músculos de mis dos extremidades inferiores.
Solo hace tres horas que acabé el entrenamiento que me dejó más de un cuarto de hora tumbada de lado, cubierta con mi plumas, en el césped artificial que rodea la pista de atletismo, a las 21 horas. El lactato inundó mi cuerpo, subiendo desde mis piernas a mi cabeza, dejándome KO.
Sola. Que los demás han entrenado por la mañana.
Menos mal que el tiempo dio una tregua y, aunque de noche, el viento dejó de soplar y la humedad apenas se notaba. El césped del campo estaba seco.
El entrenamiento que tenía era de los que tengo que empezar pesando solo en la serie presente, pero sin perder de vista todo lo que viene después.
No te pases.
Corre, pero déjate espacio para más.
Eso fue hace dos días.
Junté dos entrenamientos de series porque el día de Reyes no encontré el momento de hacerlo, ni otro sitio que no fuera la calle. Las dos pistas de atletismo que hay en Almería estaban cerradas, y correr por terreno duro hace que luego me duela mucho el pie. Entre eso y las visitas familiares, los regalos y demás… añadimos un día de descanso. Resultado: juntamos dos días de series. Dos hard days, el segundo de ellos con un viento huracanado.
Ayer no morí. No habría podido aunque hubiera querido. Mi cuerpo aun estaba cansado y el entrenamiento tuvo que bajar en exigencia, y yo mis expectativas. Pero acabamos contentas. Daniela y yo. Ella más que yo. Ella ha venido como nueva del último fin de semana en Antequera. Ese 1500 del que hablo en el fragmento anterior, reseteó su mente y, consecuentemente, su cuerpo. Ha afrontado los entrenamientos de esta semana con la valentía que hace unos días le faltaba. Es curioso cuando la cabeza vuelve a hacer click.
Aún me resulta alucinante el poder que tiene la mente a la hora de entrenar. Cómo todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Querer es poder. Saber que puedes, no dudar, ir a por ello…
Hoy nos duele todo. Hoy descansamos activamente en una mañana que bien podría ser de primavera.
Ahora, sentada, ninguna parte de mi cuerpo se atreve a quejarse. Me quedaría todo el día tumbada.
Lejos de quedarme sentada, llegaré a casa, me ducharé, haré la comida, recogeré a Claudia del colegio andando, volveré, comeremos rápidamente, y me iré al hospital para hacer la guardia que me toca hoy. Menos mal que tendré la ayuda de mis residentes.
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A las 21 h estamos en quirófano esperando que duerma a un muchacho de 18 años que sufre una miopatía congénita y que ha tenido la mala suerte de que se le quede un trozo de pollo impactado en el esófago. Todo sale bien.
Vuelvo a casa. Llego a las 22.30 h cansada de día. Emocionalmente cansada. Se agruparon demasiadas malas noticias que dar y que digerir.
Justo entro y la cena está lista. Una hora después cierro el libro que estoy leyendo en la cama.
Dejo el móvil de la guardia encendido a mi lado esperando que no llamen, que por la mañana hay que trabajar de nuevo.
Y pasado, Antequera. Otra vez. Ahora un 800.

