363º fragmento -Una gripe, y fin

Me pasaron la escaleta de una entrevista que me van a realizar la semana que viene y me quedé parada, perdida en una de las preguntas, en la que la introducción decía algo así como que una gripe y mi especialización en medicina, habían sido el motivo de no seguir mi camino hacia el atletismo profesional. Como si todo fuera tan fácil.

Recuerdo esa gripe y la impotencia que sentí a menos de 3 semanas de examinarme del MIR, y además, metida de lleno en la temporada de una pista cubierta prometedora.

Recuerdo que la fiebre apenas me daba tregua y que mi madre se vino al apartamento que entonces ocupaba en Madrid para cuidarme y ponerme trapos mojados en la frente cuando ya no sabíamos como bajar la fiebre.

Recuerdo las mañanas en las que la fiebre desaparecía momentáneamente dejándome descansar, y a mi madre atenta a si respiraba, poniendo un dedo bajo mi nariz porque le daba miedo verme tan quieta.

Hace una semana he pasado una gripe similar, algo más floja, la verdad, pero me vino a la cabeza ese momento, esa semana y media en la que mi cuerpo quedó como si me hubiera atropellado un camión, sin opciones para una pista cubierta que había preparado mejor que nunca, y con una sensación de que todo era tan efímero que me asustó más de lo deseado.

No fue la gripe la que me apartó de luchar por el sueño de ser atleta profesional. Eso solo fue una gota más en un vaso que estaba lleno de incertidumbres y de poca confianza en lo que yo podía conseguir. Fue el refuerzo de la idea de que todo lo que tenía que ver con el deporte era demasiado difícil y de que probablemente el camino más sencillo para un futuro estable y como tenía que ser fuera aprobar el MIR y comenzar la especialidad.

Tal vez no lo deseara tanto. Quizás tuve prisa por seguir en el camino marcado. El más fácil. El seguro. El que salía solo y sin pensar. Entonces tenía 24 años, y me parecía que ya era mayor para apostar por un sueño, así que poco a poco fui sumando razones para convencerme de que cerraba esa etapa, aunque nunca estuve del todo convencida de hacerlo.

Hoy estoy en la semana después de una gripe que me ha dejado con la sensación de que la idea de correr el Medio Maratón de Almería 2025, tal y como lo quería correr, se diluye.

Volví a rodar 8 días después del primer día de encontrarme mal, solo 22 minutos, solo para ver qué tal, solo para ver que fatal. Al día siguiente, lluvia y sin ganas de correr empapándome hasta los huesos, y con un dolor en el sóleo como si el día anterior hubiera hecho un rodaje extremo. Ayer fueron 10 Km que comencé sin ninguna pretensión, al gusto, costándome la vida, con dolores articulares desconocidos. Hoy me levanté como si hubiera corrido el 800 de mi vida el día anterior, con dolores musculares y articulares.

Me fui al estadio esta mañana a trotar a 5 minutos 20 segundos el kilómetro. 35 minutos en total, terminando un poco más vivos. Terminé mejor que empecé. Empecé con ganas de pararme en el minuto número 3, pero seguí mientras IZAL sonaba en mis oídos.

Hace un tiempo escuchaba a Jesús España diciendo en una entrevista que una de las cosas que peor llevaba de ser atleta de élite era mantenerse alejado de la familia y de cualquiera que pudiera contagiarle alguna enfermedad tipo gripe o resfriado común que pudiera tirar su preparación por tierra. Creo que el atletismo, y sobre todo las disciplinas de carrera de medio fondo y fondo, es uno de los deportes más desagradecidos en esto. Un bicho invisible puede acabar con tu temporada, o con tu objetivo, sin que puedas hacer nada.

Menos mal que hoy puedo cambiar fácilmente mis objetivos y mi exigencia. Ya no me produce estrés, aunque me da rabia, eso sí. Pero nuevas cosas vendrán.

Vamos a ver cuanto tarda en recuperarse este cuerpo.

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