De mayor quiero ser científica
Científica de qué tipo.
Pues de las que salvan a la naturaleza.
Acaba de cenar, y con tanta luz entrando por la ventana en estos días largos que ya huelen a verano, no quiere irse a dormir. Ya queda poco cole, dice. Y se tumba en el sofá, a mi lado, echándome las piernas por encima mientras sigue hablando.
Y qué es lo primero que vas a hacer para salvar a la naturaleza.
Cogeré a todos los animales que no tienen casas donde vivir y los meteré en un zoo. Pues empezamos bien. Nos creo que los animales quieran vivir en un zoo. Vas a tener que pensar un poco más cómo vas a hacer eso de salvar la naturaleza.
Entonces qué quieren.
Pues vivir en su hábitat. Vas a tener que pensar en como hacer para qué podamos vivir todos juntos en este mundo de una forma sostenible, en cómo usar los recursos finitos, en respetar espacios, en no contaminar, en hacer que a los que habitamos una parcela de este planeta nos importe qué ocurre con el resto…
Vale, seré científica e investigaré cómo salvar a la naturaleza.
¿Y por qué quieres salvar a la naturaleza?
Porque la naturaleza somos todos. Tú, papá, el abuelo, la abuela, los titos…
Mamá, ¿sabes qué le dice una científica a una arqueóloga? Me mira atenta, con sus seis años ya en la segunda parte, mientras yo pienso qué decir. Últimamente no paramos entre acertijos y chistes que va recopilando.
Pues no sé. Tal vez le diga, cuéntame lo que pasó en el pasado, a ver si hay algo que yo pueda utilizar para el futuro. No se me ocurre otra cosa. Pero ella esperaba algo más simple.
La científica le dice a la arqueóloga: hola, hermana. Porque mamá, ¿no te acuerdas de que Martina va a ser arqueóloga?. Y yo solo puedo reír, mientras ella me mira con sus ojillos brillantes y su media sonrisa.
Sigue con medio cuerpo tumbado encima del mío, contándome cosas, diciéndome que todos dijeron lo que querían ser en clase, que solo ella dijo que quería ser científica y la seño la felicitó por ello, que todos deberían aprender de ella. Me lo cuenta toda orgullosa. Y le pregunto: pero eso lo has dicho, ¿porque lo piensas de verdad o porque sabías que a tu seño le iba a gustar? Porque hace poco me dijiste que querías ser médica y profesora (como mamá y papá).
Es de verdad, mamá. Hay que salvar a la naturaleza.
Y por un momento pienso en ella, en lo que será en un futuro, en lo que le gustaría a unos padres que fueran sus hijos de mayores. Un buen trabajo, bien pagado, una buenas casa, un coche, una familia…
Y yo hace tiempo que dejé de pensar en esos términos, o que de alguna forma, poco a poco, empezó a darme un poco de vergüenza pensar, sobre todo, en esos términos. Dejé de pensar que solamente estamos aquí para pensar en nuestro propio beneficio, aunque eso sea lo más cómodo.
Y yo, que creo que hace falta que haya gente dispuesta a cambiar el rumbo que llevamos, o por lo menos que amortigüen este avance inexorable que parece no llevarnos a ninguna parte buena, desde mi cómoda posición de médica con plaza fija en la seguridad social, me alegro por haber contribuido, aunque solo sea en una mínima parte, a que mis hijas tomen conciencia de la necesidad de cuidar el lugar que solo de forma transitoria habitamos, este lugar que es solo un préstamo.
Y sé, que aun, hago demasiado poco.

