324º fragmento -Para que entiendas nuestra felicidad

Desde la escalera que da paso a la pista observo como ella sale lanzada en cuanto suena el disparo para ponerse en primera posición de principio… a casi fin.

No sé si estoy más nerviosa viéndola a ella correr las cuatro vueltas a la pista corta, que por el hecho de que a mí me toque salir justo después en la serie de los 8 mejores tiempos de las inscritas en este primer campeonato de Andalucía absoluto que compartimos, aunque esta vez sea en distinto espacio de tiempo. Ella la serie B, yo la A.

En el 1500 de la semana siguiente fue distinto.

Compartimos espacio y tiempo.

Estuvimos en la misma línea de salida.

Pero nuestra carrera, había empezado días antes de estar atentas, con las piernas semiflexionadas, pie izquierdo mío adelantado (derecho el suyo), con la mirada en un punto fijo, conteniendo la respiración, a la espera del disparo que hiciera arrancar a andar el crono. Nuestra carrera empezó días antes, cuando dejamos de pensar en que ella solamente iría para ayudarme a mí a mejorar mi marca, para empezar a pensar en que nos ayudaríamos mutuamente para poder hacer una marca que nos diera la oportunidad de estar en el campeonato de España Absoluto. Eso, tres días antes, se había convertido en ilusión y objetivo al mismo tiempo, como un posible bonito en el tiempo que compartimos como atletas de niveles semejantes, con una diferencia: yo ya luchando por mantenerme y no empeorar demasiado (soñando con que aun puedo mejorar algo si sé de donde rascar); y ella, ascendiendo como la espuma, con su cuerpo a medio hacer, y con todo por delante.

¿Te acuerdas de cuando me decías que ojalá algún día pudieras competir con tu hija a nivel nacional? Era una idea en una nube, borrosa, lejana… Y está a punto de hacerse realidad.

Compartir podio fue lo de menos.

El ritmo de la carrera, nuestros relevos cada 400 metros, nuestros aciertos y equivocaciones, el acoplamiento de nuestras zancadas y respiraciones, el vamos Daniela en la penúltima curva, el intentar pillarla cuando creía que ya no podía más, llegar y abrazarnos y tumbarnos en el tartán de la meta, resoplando, inundadas de lactato que revolvió su estómago y nubló mi mente justo lo necesario para escuchar a lo lejos, muy a lo lejos, los gritos sin sentido, amortiguados por nuestra borrachera de felicidad, de alguien que jamás sabrá lo que significa sentir el deporte, este deporte.

No era a lo que habíamos ido. Nos quedamos con la decepción de no haber sido capaces de hacer ese sub 4:35 que estábamos seguras nos llevaría a ser la más joven y la más vieja de un Campeonato de España Absoluto de pista corta en Ourense. Madre e hija. Orgullosas ambas la una de la otra. Contentas de compartir estos momentos tan mágicos. Sabiendo que el valor de esos instantes irá creciendo conforme pase el tiempo.

En nuestras cabezas, de regreso, fue inevitable pensar una y otra vez en qué momento se nos fueron los segundos, en cuándo perdimos la concentración y el ritmo, en si teníamos que haber salido más rápido o no haber descuidado el segundo cuatrocientos…

Nuestras cabezas bullían.

Nuestros cuerpos se quejaban.

Entrenar. No queda otra. Que del camino, es de lo que más disfrutamos.

Hoy tocan quinientos cambiando ritmos.

2 comentarios en “324º fragmento -Para que entiendas nuestra felicidad”

  1. Que bonito fragmento. Me encanta como lo has contado. Enhorabuena madre e hija, sin duda sois la envidia de todas las madres atletas, a quienes nos encantaría sin dudarlo poder estar un día en tu sitio. Entonces podria decir que habría conseguido vivir una felicidad extraordinaria, por una pasión mi pasión y la de muchas mujeres. Besos campeonas.

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