#MujerConProyecto
Tal vez me hice más sensible al dolor, o tal vez lo hice aliado mío, alguien a quien echarle las culpas de no correr más, de quitar el pie antes de tiempo sin haber empujado del todo, de no forzar un poco más, de pararme antes de tiempo. Quizás me volví floja, y no solo más vieja.
Quizá mis ganas mermaron y las terminaciones nerviosas que conducen el dolor hasta mi cerebro hayan aprovechado para hacerse protagonistas cuando hasta ahora solamente habían conseguido ser actrices secundarias.
Tal vez no sea para tanto.
Ayer, que comencé a correr los 45 minutos que rezaba la receta del mister sin muchas expectativas, solamente centrada en la música que puse más alta de lo normal en mis oídos, tras haber pasado casi todo el día en el pabellón viendo los partidos de las dos pequeñas, no podía imaginar que acabaría con las mejores sensaciones que he tenido en muchos meses, con 4:07 marcando el último kilómetro, y con varias rectas en progresión intentando correr bien, alta de caderas, recordando los mandamientos que tanto repetía Emilio Campra, desafiando al dolor instalado hasta mis entrañas.
Y no sentí dolor. Todo el dolor que me había acompañado los días atrás en cadera, en talón, en tendón de Aquiles y sus anejos, en la planta del pie, en el empeine derecho, en las lumbares, incluso en algunos dedos de los pies… decidieron no estar presentes en esas 5 rectas con las que terminé tras el rodaje para no sentirme solo lenta y pesada, sino algo más capaz.
Arrastro un cansancio crónico en el que parezco haberme instalado, un cansancio que parece haber hecho más pequeño mi corazón y más pesadas mis piernas, un cansancio de cuerpo y de mente, con sueño superficial y corto, entrecortado casi siempre, con despertares por sed, por pis o por calor o frío… Ya iba pensando yo en todos esos síntomas que definen la menopausia, pero de momento me sigue visitando puntual cada 26 días, con la misma fuerza. Cuando pasas un par de semanas así, es fácil entender que muchas se echen a las pastillas que las sumerja de forma artificial en un sueño profundo, invocando a un Morfeo que parece haberte abandonado y convierte tus noches en tramos interminables e intermitentes.
En la radio escuchaba como proyecto hombre lanzaba una campaña, #MujeresConProyecto, para concienciar sobre el consumo de riesgo en mujeres, de alcohol y benzodiacepinas. Mujeres de mediana edad con una vida estructurada que para hacer frente al día a día, normalizan el consumo de estas sustancias, sin saber, o sin querer saber, cual es la deuda que se va acumulando con esta conducta. Así se lucha contra la ansiedad, contra el cansancio, contra el ya no puedo más, contra lo dura que a veces se hace la vida… Pero, ¿y si esto es para siempre?
Yo encontré mi aliado hace mucho tiempo en esto que llaman deporte y que para mí es tan esencial. Ahí quedan mis tinglados deshilachados, ahí se resuelven los problemas grandes y pequeños, ahí cambia la perspectiva, ahí mi cuerpo libera opioides naturales que me hacen adicta a moverme.
Terminé sin dolor, haciendo rectas en el estadio, en un césped bien cuidado por el fútbol, corriendo alta de caderas y empujando bien atrás, sola, rodeada de nadie, anocheciendo, un sábado por la tarde con un tenue olor a sal de fondo. Y me di cuenta de repente de su ausencia. Y entonces bailé haciendo el tonto aislada por la música de Dua Lipa que aun seguía sonando por mis airpods.
Estoy cansada. Es otoño. Pero sigo bailando.

