En mi casa se compite hasta para aprender a escribir o mejorar escribiendo con el teclado.
El mismo programa que tiene Alex instalado para los niños del instituto lo ha traído a casa.
Mi familia, cinco competidores, cada uno a su ritmo, pero todos utilizando parte de esta Navidad para aprender o corregir con qué dedo se teclea cada letra y aumentar la velocidad sin mirar el teclado, disminuir los errores, y descubrir que los números también quieren ser tecleados por su dedo correspondiente.
Las lecciones de los números y de los puntos y las comas, y los guiones… son las peores.
La cosa es ir avanzando en las lecciones, que van desde lo más sencillo a lo más complicado. Desde dominar una línea, a hacerlo con todo el teclado.
Hasta puedes ver a Claudia con sus dedillos aporreando el portátil. Mínimo 10 minutos diarios. Ya si quieres más, es cosa tuya.
La pobre se desespera. Nos ve a los demás que ya tenemos más maña, cómo nos despegamos en la tabla del marcador de puntos, y ella, avanza poco a poco y nos ve alejarnos hasta hacernos inalcanzables.
“Lo dejo, mamá, a mí no me sale”, me dice durante el desayuno. Yo voy muy lenta. La miro y le digo “tú vas perfecta”. Tiene 8 años y todas las ganas del mundo de aprender. Le pido que imagine como escribirá cuando tenga mis años si empieza a practicar ahora, que no desespere, que vaya poquito a poco, que sepa donde poner los dedos, que vaya reintentando aquello que le salga mal, que si sigue practicando será mucho mejor que yo en poco tiempo. Y sonríe.
Cuando acaba de desayunar se va en busca del ordenador y se conecta para echar un rato escribiendo con el teclado. Las lecciones apenas duran un minuto o minuto y medio, y ella sonríe cada vez que hace una. Ha vuelto a comenzar y ve como va mejorando su puntuación respecto a la primera vez que lo hizo. Viene y me lo cuenta y sigue un poquito más. “Tenías razón, ya lo hago mejor”.
Se aburría y había desistido porque no era capaz de escribir tan rápido como su hermana mayor o como su madre, pero solo se había equivocado de con quien tenía que compararse. O tal vez solamente equivocó el momento en el que podrá hacerlo.
En realidad, eso es lo que tenemos que hacer, ¿no?, marcarnos metas realistas a las que poder llegar, seguir avanzando, alcanzar nuestros pequeños logros, saber donde nos encontramos en cada momento, y no mirar demasiado alto para no frustrarnos cuando no deberíamos hacerlo.
Tal vez quieras llegar a lo más alto de la montaña, pero para llegar allí, tienes que pasar por innumerables metas volantes. Muchas veces te caerás y te tocará levantarte un poco más abajo, pero jamás debes de perder de vista la cumbre, el objetivo que te marcaste.
A claudia se le olvida continuamente, pero es que ni si quiera ella tiene como objetivo saber escribir bien con el teclado, para que servirá eso, pensará. Ya se lo recuerdo yo.
Tal vez todos necesitemos que de vez en cuando nos lo recuerden a nosotros también.

