358º fragmento -En segundo plano

Irremediablemente, de un tiempo a esta parte, tal vez en el momento justo en el que Daniela se incorporó a competir en las distancias que yo ya lo hacía, dejé de pensar solo en mí en la carrera en la que estuviera corriendo junto a ella.

Soy actriz secundaria, puede que incluso en los entrenamientos que compartimos.

No ha sido algo que haya hecho de forma consciente, pero sí, de algún modo, mi modo madre desplazó a mi modo atleta, y con ello perdí mucha actitud competitiva. Me he vuelto más blanda.

Y no lo puedo remediar.

Si salimos en series distintas mis depósitos de adrenalina se comienzan a vaciar en el momento mismo en el que ella pisa la pista para salir a correr si va antes que yo. Mi concentración deja de ser solo en mí, para ocuparse y preocuparse de cualquier cosa que le ocurra a ella. Intento dejar distancia, no agobiarla, no buscarla para calentar… Y ella va concentrada con sus auriculares puestos, mirada en el horizonte, gesto serio (salvo sonrisas que saludan otras sonrisas), ajena a todo lo que le rodea. Incluso a mí.

Hubo un tiempo en el que eché de menos los días en los que el covid no me dejaba viajar con toda la familia a las competiciones. Al principio había sido raro circular por carreteras casi desiertas para llegar con el tiempo justo de calentar fuera del pabellón y luego entrar 5 minutos antes del pistoletazo de salida en pista. Era raro, pero a todo se acostumbra una. Eso te permitía estar más concentrada en lo que ibas a hacer, en un diálogo mudo contigo misma, con unos rituales de comportamiento, ingestas de alimento y agua, y preparación, que suplían de algún modo la compañía que te faltaba.

Ella puede seguir haciendo eso aunque esté rodeada de nosotros. Mi rol de madre no me deja aislarme así. O no me dejo yo.

De algún modo siento que de esta forma voy perdiendo energía de la misma manera que se iría escapando el agua de entre mis dedos si intentara retenerla en un cuenco hecho por mis manos. Me pasa entrenando. Y por raro que parezca, a veces descubro que tengo mejores entrenamientos cuando los hago sola que cuando estoy con ella (no puedo generalizar ni tengo pruebas de ello, es solo una sensación).

Me pasa compitiendo. Sin querer, que me adelante ella no tiene el mismo efecto a que lo haga otras corredora. Sin querer, no me importa no lucharle un puesto, una posición en carrera. Sin querer, voy sonriendo cuando aun me faltan unos metros y ella ya está cruzando la línea de meta. Sin querer, voy preocupada si se queda atrás o yo la voy cogiendo.

A veces me gustaría que no fuera así. Me gustaría seguir saliendo como una leona enjaulada a la que abren la puerta, lista para todo lo que pase, sin desconectar en ningún momento de lo que quiero hacer, y sin tener la extraña sensación de que mi momento ya pasó y solo se espera de mí que esté en la grada como madre orgullosa.

Otras veces me gusta. Me quita la presión durante largo tiempo autoimpuesta por esperar ciertos resultados, por querer ser mejor, por reflejar en la pista lo que llevo entrenando.

Así que, en parte, me encuentro como en una barra de equilibrio, en la que por un lado estoy yo, como atleta que aun quiere correr y disfrutar de esto y, por el otro, la madre que no quiere perderse absolutamente nada de la carrera de su hija, de sus miedos e incertidumbres, de sus alegrías, de cualquier pequeño detalle que pueda ocurrir… La que quieres estar ahí para lo que ella quiera, sin importar nada más.

Tal vez, ahora que la veo volar cada vez más independiente, pueda adormecer un poco esa faceta de madre y sacar de nuevo mi lado más competidor. Tal vez, poco a poco yo sienta que deja de necesitarme cuando puede que ya haya dejado de hacerlo. Tal vez, aun me queden un par de años para estar compitiendo como me gusta, concentrada y a por todas.

Se me hace igual de difícil que a mi programa de captura de imágenes de endoscopias, que en cuanto está en segundo plano, deja de funcionar y cierra todas las demás ventanas que tengas abiertas en el navegador.

Creo que voy a intentar ser un poco menos madre en la pista 😈.

Haremos un pacto.

Deja un comentario