Y cuando ya llevaba más de 100 km, sentí la necesidad de volverme. Y respiré y repasé todo lo que me había llevado a hacer un viaje de más de 500 km yo sola un día de diario, para correr durante 2 minutos, 10 segundos y 36 centésimas en Castellón.
Dejé pasar el primer cambio de sentido… y los siguientes.
Aunque tengamos la certeza más absoluta de qué es lo que guía nuestros pasos, aparecerán las dudas, y estas se harán más frecuentes cuando la novedad se normalice y deje de serlo, perdiendo valor el lugar en el que te encuentras. Y es que así como todos los años nuestra dirección médica nos aprieta para que cumplamos objetivos cada vez más difíciles (mejorando siempre lo anterior, aunque hayamos entrado ya en una fase de meseta), nosotros, y los demás, nos exigimos siempre cumplir retos mayores.
He equivocado la vara de medir. He pensado que debía seguir mejorando marcas de forma indefinida, como si fuera una veinteañera. Para llegar a donde estoy mis sacrificios ahora me parecen que han sido lo de menos, porque para mí no lo han supuesto, pero ¿y para mi familia?
Me admiten en el mitin internacional de Castelllón y no dudo ni un instante en ir a correr y buscar la manera de poder hacerlo. Ni si quiera lo llevo a consenso en mi casa, porque en mi escala de valores es algo a lo que no puedo decir que no. Es para lo que me he pasado entrenando los últimos cuatro años, con mi sacrificio, y con el de los demás. El fin de traca. Donde puedo demostrar que mi trabajo ha servido para algo, el escaparate donde todo se verá reflejado (o no).
Y es que, cuando reservé la habitación de hotel a medio camino para conducir en dos etapas; cuando hablé con Valme para quedar con ella en el café previo a la competición, cuando reservé una habitación de hotel en Totana a pie de autovía para descansar en el viaje de regreso cuando ya fuera peligroso conducir por mi cansancio; cuando reposté en dos ocasiones con la gasolina 95 a 2,20 euros el litro… en ningún momento sentí que aquello no mereciera la pena, incluso antes de saber que me vendría con una marca que satisfaría parte de mis expectativa (porque aun quiero más).
La suerte es de la que la busca.
Pero, y los demás, aquellos que no son yo. Si yo dudo en ocasiones de mí y de la dirección que sigo a pesar de mi convicción inicial, imagino que los que están fuera dudarán mucho más. Su desconcierto, cuando yo anuncio que entre semana he conseguido acoplarlo todo para poder hacer un viaje de ida y vuelta de 1.000 Km para correr durante poco más de dos minutos en un mitin internacional donde van los mejores atletas del panorama nacional (y algunos internacionales), es más que entendible.
Aun así, yo me muestro convencida de lo que hago, aunque puedan surgir un millón de dudas, sé que en el momento en que decidí avanzar en esta dirección no las tenía, o por lo menos la balanza se inclinó a favor de los pasos que voy dando. Y soy egoísta. En parte, todos lo somos cuando algo nos apasiona.
Seguí por la autovía sin tomar ningún cambio de sentido. Cuando volví a dudar en el hotel de Elche, cogí el coche dirección Castellón. Las dudas se fueron disipando a medida que pasaron los kilómetros. Mereció la pena. Regresé eufórica y sin sentir ningún cansancio hasta que me faltaban unos 100 km para llegar a Totana. Soplé en un control de alcoholemia (aun iba con la ropa de competición). Dormí cuatro horas. Salí a las 5.45 h para llegar a desayunar en casa e ir a trabajar.
Mereció muchísimo la pena. Soy egoísta.

