43º fragmento -Seremos GOMERs

¿Qué es un GOMER? Es el acrónimo de “Go Out of My Emergency Room”. Cuando lo leí por primera vez, antes de empezar la residencia, me pareció repugnante.

Se puso de moda con la novela satírica sobre el primer año de residencia de un grupo de médicos en EEUU. Básicamente, querían sobrevivir a un primer año de guardias interminables en el hospital, sin libranzas, donde ya no eran capaces de distinguir si estaban dormidos o despiertos, con tal presión asistencial que ideaban todo tipo de artimañas para poder “encasquetar” a los pacientes a otro servicio distinto al suyo.

Los GOMERs eran pacientes con muchísimas patologías crónicas que difícilmente iban a mejorar independientemente de tu maña como médico. Su vida pendía de un complicado equilibrio entre sus desgastados órganos y un millón de medicamentos que difícilmente podría decirse si le estaban beneficiando, no servían para nada o incluso le perjudicaban. A ese paciente, en “La casa de Dios” (así se llama el libro), nadie lo quería. Me producía arcadas leerlo.

Y sin embargo, lo más normal, salvo una muerte inesperada o un cáncer que nos lleve por delante, es que la gente muera siendo un GOMER.

GOMERs, pacientes que han sobrevivido a un millar de adversidades; resistiendo envites impensables; sobreponiéndose cuando ya parecía que su hígado; su corazón o su riñón se había dado por vencido; agarrándose a un hilo de vida y luchando contra todo pronóstico. La mayoría seremos GOMERs algún día y buscaremos en los ojos de quien nos cuida y nos atiende una luz de esperanza que nos haga pensar que todo irá bien, que nuestro sufrimiento habrá merecido la pena para poder volver a casa y ver de nuevo a nuestros nietos o estar en la boda de nuestros hijos.

El hospital está lleno de ellos, de lo que seremos nosotros. Muchos, arropados por sus familias, que no quieren dejar que se vayan por muchos años que crucen su osamenta y por muy desmemoriados que parezca, perfectamente cuidados y aseados, pendientes de cualquier nueva noticia que pueda darles un hálito de esperanza, y agradecidos por el esfuerzo que se realiza por sacarlos adelante, y comprensivos (aunque contrariados) con la limitación del esfuerzo terapéutico cuando el sufrimiento ya no parece compensar en un callejón sin salida (pero es que es tan difícil dejar ir a quien se quiere).

Otros están solos, aunque estén acompañados. Estos solo encuentran el calor en tu mano cuando la pones sobre la suya, cuando le preguntas que tal ha pasado la noche, o como se nota la respiración, o qué tal le ha sentado la comida. No puedes evitar pensar que camino le habrá llevado a estar tan desamparado los últimos renglones de su vida. Triste, sin consuelo.

Lo mas probable es que yo sea un GOMER algún día (aunque sinceramente, preferiría morir con los clavos puestos en los pies -los de correr-). Espero ser de los aseados y perfumados. De los queridos. De los llorados. Que mi vida haya tenido sentido. Y no solo para mí.

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