62º fragmento -¿Tu valor como profesional es el peso del currículum?

El valor de tu trabajo no siempre se mide por lo bien que hagas las tareas que tienes que desempeñar, sino por lo que eres capaz de producir, y por muy injusto que pueda parecer muchas veces, antes que desalentarte por algo que no podrás cambiar, tendrás que adaptarte a las circunstancias.

En el año 2012, con mi segunda hija cumpliendo 6 meses, y con una plaza ofertada en mi hospital con perfil de CPRE y Ecoendoscopia que me habían dado, llegó la crisis, o el SAS dejó de tener dinero para pagar sus nóminas. Era mi cuarto año como especialista ya hecha y derecha, y los contratos, hasta entonces eventuales, se pusieron aun peor. Tabla rasa para todos “los eventuales” (4 años llevaba yo en esa situación) y comenzaron los contratos al 75%, firmados mes a mes (te llamaban sobre el 28 del mes anterior). Con una hipoteca que nos comía y esa incertidumbre, mi decisión fue empezar a trabajar en la privada.

En el mes de agosto hice todo el papeleo necesario, renuncié a mi complemento de exclusividad (unos 800 euros) y empecé a pasar consulta en la Clínica Mediterráneo con un viejo ecógrafo que Juan me cedió para que yo me hiciera hueco en esa parte de Digestivo que aun parecía estar deshabitada en la privada. Al principio no llenaba una consulta semanal; al final ya no era suficiente con dos días.

En cuanto mis ingresos y mis pacientes empezaron a subir, todo el mundo quiso llevarse tajada. Yo invertí en un ecógrafo mejor, porque la endoscopia parecía estar vetada para mí, y esa era mi única salida para complementar la ridiculez que me pagaban por consulta (no digo ya si los pacientes eran crónicos y había que revisarlos). Alguna vez tenía pacientes que eran privados, no pertenecían a ninguna compañía, y desaparecían de mi agenda al día siguientes (alguno me comentó que le habían dicho que la Dra. Gálvez no tenía citas, y había aparecido misteriosamente en otra agenda, de otro médico).

Me convertí en pescadora, porque atraía a nuevos pacientes, pero los peces no eran para mí.

Jamás actúe de forma distinta a cómo lo habría hecho en la pública. Desempeñaba mi labor cómo médica atendiendo a las recomendaciones que se daban en guías de práctica clínica y siendo sincera con cada uno de mis pacientes. Siempre me ha gustado el trato cercano y explicar claramente las opciones (cuando han existido).

No me gustó la medicina privada que ejercí. Me sentía sola, en una jungla en la que todo el mundo trataba de aprovecharse de tu trabajo, con escasos recursos, trabajando todos los días de sol a sol y con cuidado de que te pagasen lo que realmente habías facturado. Dos años y medio me vi obligada a estar así. Dos años y medio en los que Martina crecía y yo observaba, con cierto retraso, los avances que iba haciendo en una etapa en la que los cambios son muy rápidos (Daniela tenía tres años y 8 meses). “¡Mira lo que hace la niña!”, cuando llevaba dos semanas haciéndolo, y por las noches, no querían que yo les contara el cuento.

En la pública, solamente los que están cerca de ti sabrán realmente lo que vales en tu trabajo. Para el resto, aquellos que se sitúan un poco más lejos de tu círculo de influencia, valdrás el peso de tu currículum (los diplomas que tengas de cursos, los artículos que hayas publicado, las comisiones a las que pertenezcas, los premios de investigación, las ponencias, la tesis con la que podrías limpiarte el culo, los objetivos del SAS que cumplas…). Y sin querer, me revelo contra eso, porque la medicina que le vale a mis pacientes, no suele estar en el currículum al peso (no siempre), y aunque sé que esta es una parte a la que me tengo que adaptar para obtener el reconocimiento y no pasar por mi vida profesional sin pena ni gloria, eso me llevaría un tiempo que ahora mismo prefiero emplear en lo realmente importante.

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