La primera vez que publiqué uno de los fragmentos fue tras un viaje en tren que hice a Zaragoza desde Granada, para competir en el segundo encuentro de la Liga Iberdrola de Atletismo. Las horas en el AVE dieron para pensar, y no solo para llevarme trabajo con el ordenador, para observar un poco distanciándome de mí, donde estaba y si era eso lo que quería, qué cambiaría, y cómo había llegado hasta ahí. Escribí dos fragmentos, el primero (En el tren) y el segundo (La vocación). El tercero ya había sido el principio unos días antes en casa, después de encontrarme con Isabel en el hospital (La paciente).
Los colgué en FB como foto del pdf, como si tuviera una imperiosa necesidad de compartir parte de mis pensamientos, esos que había empezado a escribir (siempre me ha gustado hacerlo y hacía muchísimo tiempo que había dejado de hacerlo). Y pensé que ahí quedaría todo.
Pero mi madre no podía leer una letra tan pequeña y por la noche, tras buscar por google, me animó a que lo publicase en un blog, que ella había leído que era fácil de hacer, y así para ella sería más fácil de leer. Además, la introspección que había realizado durante el viaje, había quedado plasmada de forma esquemática en una nota abierta en el iPhone que había titulado “ideas para los fragmentos”, ideas en las que me interesaba escarbar un poco más.
Al principio me di mucha prisa por escribir, porque pensaba que de alguna manera todas esas ideas que de repente parecían inundar mi cabeza podrían desaparecer sin opción a recuperarlas. Pero frené la intención de publicarlas conforme fueran fluyendo. Al principio el grifo tenía mucha presión y todo surgía casi sin necesidad de pensar en ello (o tal vez pensaba más de lo que habría deseado), pero después, todo se va calmando, las ideas no se olvidan, las que apunto no siempre me apetece desarrollarlas, y a veces es difícil encontrar un hueco.
Al principio, cuando surgía todo más rápido de lo que yo quería mostrar, mis hermanos los leyeron y me animaron a seguir escribiendo. Para Arturo era como su lectura de antes de dormir que le daba buen rollo; para Felipe textos en los que sentirse identificado o con los que motivarse; para Rodrigo… Rodrigo los estaba leyendo, algo impensable teniendo en cuenta que el tiempo en su vida es un bien escaso, siempre con prisas (le flipaban mis fragmentos); mi madre disfrutaba con ellos y me hizo comentarios que me llenaron de felicidad; y mi padre los seguía a diario mandándome un mensaje de buenas noches con un aplauso. De alguna forma, me están conociendo ahora un poco más.
Los escribo rápido, en 15-20 minutos, sobre una idea ya pensada previamente o que ha surgido en ese momento en el que tenía el Ipad a mano. Y no quiero tardar más. Son frescos, tal cual, algunos con muchas faltas gramaticales (espero que no muchas de ortografía), pero me llena escribirlos, me sirven, son mi ejercicio diario para conocerme un poco más y descubrir cosas que no sabía ni que me importaban.
Lo que no me esperaba es que tanta gente los leyera (ya hay más de 10.000 visitas) y les gustara.
Algunos los leerán por pura curiosidad e incluso pensarán “menuda gilipollas, que se creerá”, pero la verdad es que esto me importa bastante poco tirando a nada.
Lo que tampoco me esperaba (y me hace una ilusión infinita) es que a tanta gente les pudiera servir de algo, que me mandaran mensajes y comentarios contándome sus experiencias, sintiéndose identificados, o porque he conseguido que algo se les remueva dentro y den un paso al frente (remover conciencias). También sé de muchos que se han incorporado al cribado de cáncer colorrectal.
Seguiré, porque me gusta. Algunos serán sobre temas médicos, otra sobre la familia, sobre el bienestar físico y mental, sobre el atletismo, sobre cosas que me importan sin saber por qué…, pero habrá uno al día.
Gracias.

