Has mostrado la punta del iceberg, y todos quieren esa porción de hielo. Es tan bueno todo lo que tienes, lo que has conseguido…
Pero debajo de la superficie, encontrarás lo que mantiene a esa parte encantadora a flote, todo lo que probablemente no estarás dispuesto a aceptar como pago al 1% con el que te quieres quedar. Yo te lo regalo. Aprendí a disfrutar de todo, hasta del sufrimiento. Mentira. Sufrí y no disfruté ese momento, pero luego mereció la pena.
Te vendo ese 1%, el precio es regalarte el otro 99% que no ves. Así que, entre otras muchas cosas:
Te regalo mis noches de estudio entre toma y toma de Claudia, entre las 0.00 h y las 3.00, cuando más aguantaba sin tener que mamar, para conseguir más de una hora y media seguida que permitiera a mi mermado cerebro de puérpera concentrarse en aquellos trabajos que tenía que escribir y entregar cada 15 días.
Te regalo los entrenamientos que no me salieron a pesar de poner toda la carne en el asador, aquellos que hice a pesar del calor y la humedad, a los que no renuncié después de un día de doble turno de trabajo plantada en pie con el tubo en mano, o mientras llevaba atado a la cintura el busca por si llamaban.
Te regalo mis cursos intensivos para seguir estando al día y mejorando, aquellos que calcé como pude entre compromisos familiares, competiciones y entrenos hechos a deshoras y en cualquier sitio, buscando un pista en la que colarme y la manera de llegar a ella.
Te regalo todo lo que eché de menos no estar en mi tierra, lo que sentí al abandonar mi lugar para regresar 7 años después siendo otra, y con la sensación de volver a mi origen algo desubicada. Te regalo el año de guardias de urgencias recién acabada, asustada, cansada y triste.
Te regalo los días de malabares imposibles para que todo siga caminando y yo consiga mantener mi espacio.
Te regalo no haber conseguido mejorar marca este año a pesar de haber entrenado mejor que el pasado, las carreras perras, las equivocaciones por no saber leerlas, la falta de decisión y de confianza, y la decepción por no haber conseguido estar en el campeonato de España Absoluto.
Te regalo cuidar la alimentación y el descanso con las renuncias que a ello acompaña.
Te regalo los años de estudio: los que invertí, y los que sigo invirtiendo.
Te regalo la soledad de las guardias, tan acusada cuando te enfrentas a casos difíciles; y las llamadas a las 3 de la mañana que me sacaron de la cama para ir al hospital y seguir trabajando al día siguiente.
Te regalo la falta de saliva y el sudor cayendo por mi espalda cuando una CPRE es más complicada de lo esperado y el plomo que forra mi cuerpo apenas me deja moverme.
Te regalo mis muescas del fonendo, las que hicieron cada uno de aquellos a los que no conseguí ayudar como yo hubiera deseado.
Mi precioso 1%, ese que ves, es la mínima parte del todo que me llevó hasta aquí.

