135º fragmento -Somos renovación continua: los huesos están vivos

En nuestro huesos se libra una batalla tan necesaria como peligrosa.

El hueso podría parecer carente de vida, y sin embargo está mucho más vivo de lo que crees. Osteoclastos y osteoblastos, luchan en un equilibrio que ojalá siempre fuera perfecto, para ir renovándolo, manteniendo su dureza, pero también su elasticidad. Los queremos resistentes para que no se rompan a la primera de cambio, y eso depende de un fino equilibrio entre estos dos ejércitos, los clastos, los destructores, y los blastos, los que construyen. De esta forma el hueso se va renovando para conservar su función de soporte y de protección frente a impactos.

Cuando aun no se sabía mucho sobre los estímulos que hacían que un hueso tuviera la cantidad de calcio adecuado (entre otras muchas cosas), se dieron cuenta de que los deportistas que entrenaban en situaciones parecidas a la ingravidez, llegaban a tener osteopenia e incluso osteoporosis a edades muy tempranas, haciendo sus huesos frágiles como el cristal, como si se tratara de la osamenta de una anciana de 90 años, que solamente para andar, debería ir rezando para no fracturarse la cadera. En natación saben de la importancia de complementar el entrenamiento en agua con entrenamiento en seco.

Seguro que todos tenemos cerca a alguien, incluso a varias personas, que han sufrido lo que se llama fracturas patológicas, aquellas que se producen con un mínimo impacto o incluso sin uno identificable. Las más conocidas por todos, las fracturas de cadera de los ancianos, esas que pueden terminar en un encamamiento para el resto de la vida a pesar de hacer todo lo posible por sustituir la maltrecha articulación, si es que no se tiene que retrasar por todos procesos intercurrentes que se pueden producir (anemia, retirada de anticoagulantes, descompensación de la diabetes, síndrome confusional…).

Nuestros huesos necesitan sol y calcio, pero sobre todo necesitan marcha. Necesitan un estímulo suficiente para que la remodelación de ese hueso, que solo se parece en su forma a los que teníamos debajo de la cama en nuestros dos primeros años de medicina, sea lo suficientemente precisa para conseguir un adecuado equilibrio entre elasticidad y resistencia. El ejercicio de impacto es un estímulo magnífico para poner en marcha todos estos procesos de destrucción y reconstrucción, y no es suficiente solo con tomar suplementos de calcio o de vitamina D y quedarse a reposar (los suplementos nunca son suficientes, ni si quiera para los batidos de proteína consiguen el milagro de ganar masa muscular).

Nuestro cuerpo envejece menos si se remodela continuamente. Destruimos células que ya cumplieron su ciclo de división y acumulan errores en su ADN, por otras jóvenes con todo su potencial a punto para dar lo mejor de ellas.

Esta es la vida dentro de nuestro cuerpo. Una continua lucha de poder entre las fuerzas del bien y del mal (aunque en realidad las dos serían del bien, cada una cumpliendo su función) se produce en casi todos los tejidos que componen este tinglado milagroso que es nuestro organismo. Siempre que actúe una fuerza, tendrá que ponerse en marcha su antagonista para que no se nos vaya de las manos: inflamación controlada por sustancias antiinflamatorias intrínsecas; coagulación frente a factores anticoagulantes; síntesis de hueso frente a destrucción del mismo…

Necesitamos una renovación continua.

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