152º fragmento -Yo fui ella

En el año 92, creo, regresaba yo de Tenerife con mi medalla de oro del Campeonato de España escolar.

Allí había viajado con todos los andaluces que habíamos conseguido clasificarnos para competir. Allí pasamos, en un hotel turístico invadido por los jóvenes atletas, unos días que no puedo precisar, tal vez 5.

Recuerdo perfectamente la vuelta, cuando nos subimos al autocar, separándonos de parte de los atletas, una vez aterrizados en la península. Recuerdo cómo lloraba, pensando en que tardaría mucho en volver a ver a muchos de ellos.

Entonces no teníamos nada más que el correo ordinario, con cartas que aún conservo, que podían tardar entre dos días y una semana en viajar desde el remitente hasta el destinatario; y el teléfono de casa, con precio carísimo por conferencia (totalmente prohibido).

Hoy dejé a Daniela en Motril para que se subiera en el autocar de la selección andaluza que se dirige a Pamplona para disputar mañana y pasado el Campeonato de España de federaciones sub16. 44 adolescentes (equipo masculino y femenino) con el deporte como punto de unión inicial. Viajando juntos, con espíritu de equipo, confraternizando, divirtiéndose, compartiendo este premio a su esfuerzo… Tan jóvenes y vitales…

No pude evitar acordarme de cuando yo fui ella, y revivir esas emociones que eran un acicate más para seguir entrenando para poder asistir a campeonatos, a concentraciones en las vacaciones, y para volver a ver esos amigos que tenían tanto en común contigo.

En el autocar, lo mismo cantan la canción del último reggetonero de moda, que se ponen todos la mano en el pecho para cantar el himno de Andalucía, que vitorean al conductor por su buen hacer. Van llenos de ilusión, eufóricos, nerviosos desde hace días, compartiendo en su grupo de Whatsapp como les va en los entrenamientos; que periquito se ha lesionado; que el otro día no sé quien se hizo daño saltando; alguien que se lesiona a las puertas de la competición y los demás que salen a animarlo de todas las formas posibles… Poco a poco, sin ni siquiera verse en persona, han comenzado a formar una gran familia con un objetivo común, compartiendo nervios, animándose los unos a los otros, quitándose presión entre ellos…

A las 10 de la mañana la dejé en el autocar. Acaba de llegar a las 22.45 h al hotel, directos a cenar. Tal vez después, directos a descansar, si es que pueden dormir con tanta emoción (o con tantas ganas de juerga).

Orgullosa de ella, no hay duda, pero mi mayor sentimiento es de felicidad por ella. Porque yo fui ella, y esas experiencias estoy segura de que marcaron mi vida de la mejor forma posible para siempre. Y cada día me reafirmo más en aquello que pienso, que es una suerte estar seguros de que el deporte, para nuestras hijas, es más vida dentro de sus vidas, que les será de gran ayuda para afrontar todo aquello que se propongan, que encontrarán valores que podrán extrapolar al resto de las esferas del camino que elijan…

A mí me dio tanto… Y me sigue dando tanto…

Deja un comentario