Hay rutinas, comportamientos, gestos… que de tanto practicarlos parece que salgan solos, sin gasto de energía, de tiempo, ni de ningún tipo de esfuerzo. Apenas tienes que pensarlas, y mucho menos planificarlas. Están tan arraigadas, que forman parte de nosotros, y solamente con empezar el día ellas arrancarán con él.
Se me ocurre que mis patas de gallo forman parte de uno de esos gestos que se repiten de forma constante en mi vida. Sonreír achinaba mis ojos hasta hacerlos desaparecer incluso antes de que yo fuera consciente de ello, lo veo en las fotos ya descoloridas, me lo cuentan mis padres. Y así ha sido siempre. La sonrisa se diría que está automatizada en mí, pero no por ello deja de ser verdadero lo que expresa. La sonrisa externa puede llegar a producir un cambio interno, y mi día parece mejor por el simple hecho de llegar saludando y sonriendo a un sitio, que si no lo hiciera. Es automática, pero se refleja en quien la recibe, y vuelve a ti.
La rutina de la mañana en época de cole es otra perfectamente establecida, aunque tan ajustada, que cualquier imprevisto puede quebrantarla. Después de tres hijas estamos más que acostumbrados a los sobresaltos, salvo cuando la “lista de errores” se acumula en un día cualquiera…, aunque creo que incluso ahí, hemos aprendido a desestresarnos en el mismo momento en que empezamos a echar humo por las orejas.
Es un toma y daca. En cuanto ves que avanzas hacia la colisión, pulsas el botón de freno.
Cada uno supongo que hará un examen de conciencia acerca de como es su día, su comportamiento con los demás, su aprovechamiento del tiempo, lo dedicado a sus hijos, a su familia, a su trabajo… Yo lo hago, y a veces, muchas, me siento frustrada porque creo que habría tenido que haber hecho más caso a mis hijas cuando me reclamaban, haber organizado mejor el fin de semana, haber llamado a mi madre o a mi padre, haber resuelto algunos asuntos del trabajo, haberme acordado de llamar por teléfono a esa amiga que hace tanto que no veo, ver más a mis suegros…
Esto también es un toma y daca. El círculo de mejora continua: identificar partes de ti que te gustaría mejorar, y poner los medios para hacerlo.
Hay días, en los que el tiempo para dedicar a lo que necesito parece dispersarse, escaparse entre mis dedos como si fuera agua, sin que al final yo haya decidido ni un solo momento cual era la prioridad. Esos días parecen tan vacíos cuando los miras desde tu prisma. Las tareas pendientes se aturullan buscando cada una de ellas ser la primera, porque has pasado más de una semana sin acordarte de que lo primero, es lo primero, y que el cuadrante de las tareas importantes no urgentes, es el que te salvará la vida si lo dominas, porque ninguna pasará a ser importante urgente, y todo fluirá.
Y sin embargo, esos días en los que las tareas te eligen a ti en lugar de tú a ellas, también tienen su gracia, lo que pasa es que, para verla, tendrás que aceptar que no siempre saldrá como hemos planificado, y no siempre lo habremos planificado.
La mayoría de nuestros días están construidos por la suma de todos los esfuerzos que realizamos para ir llenándolos de sentido. La mayoría de las cosas que hacemos no salen solas, aunque visto desde fuera lo parezca.

