Miro mi plato.
Después de no sé cuantas semanas ya, casi no necesito pesar macronutrientes, y todo se reduce a hacer un mosaico en el plato donde casi la mitad será verdura, poco más de un cuarto hidratos y el resto proteínas. Empieza a ser muy gráfico esto de saber qué comer y qué reducir en caso de que la actividad física se reduzca. Las cantidades no pueden ser siempre las mismas, pues dependerá de que me mueva más o menos, y de si entreno por la mañana o por la tarde. El caso es que lo que antes se me hacía pesado, ya sale de forma casi natural después de unos dos meses aproximadamente. No está mal. Menos tiempo para pensar en ello, porque ya sale solo.
Ha sido fácil.
Solo he tenido que confiar e invertir un tiempo en aprender por qué lo hago para poder hacer pequeñas modificaciones en el menú dependiendo del día, y adaptando lo que como fuera de casa si tengo guardia ,o si hemos quedado para una celebración en un restaurante (que siempre hay opción de seguir comiendo bien, a pesar de las excepciones).
No soy como mi hermano Felipe, que en su día, o comida libre a la semana, puede convertirse en el monstruo de las galletas o de cualquier cosa apetecible que se ponga en su camino; yo soy más comedida, y a pesar de tener mi comida libre, esta se parece bastante a lo que como habitualmente, sin muchos excesos. Pero es que si lo pienso, ya no me apetece mucho hacerlos, porque comer bien, me sienta tan bien…
Las proteínas me dijo Rodrigo que apenas las modificara, así que si por algún motivo algún día no puedo ir a entrenar (guardia mediante) o el entrenamiento se queda en menos de lo programado porque el día no era favorable, y las fuerzas estaban justas, pues ajustamos también hidratos de carbono. Los 300 g de patata de la noche (o lo que toque), se quedan en la mitad o menos, y no habrá recena (foto).
Me peso. Todos los días. Pero no de forma obsesiva, aunque estés pensando que sí lo es. No me estresa, no quiero perder peso, pero me sirve de guía para saber qué es lo que estoy haciendo. Y así puedo comprobar que los días que he podido hacer entrenamiento de fuerza por la mañana, y de carrera por la tarde, necesito aumentar lo que como (incluso por encima de lo que tengo puesto en la dieta), porque el músculo se queda sin glucógeno.
Por cada 4 Kcal que utilices en tu ejercicio, quemarás 1 gramo de glucógeno (creo que más si el ejercicio es anaeróbico y “malgastas” esta energía) y perderás el agua indispensable para mantenerlo disuelto (otros 3-4 gramos creo que son -me lo tengo que repasar). La grasa en más difícil de movilizar, así que no me interesa almacenar más de la que tengo: 1 gramo de grasa te aporta 9 Kcal cuando la usas en el metabolismo aeróbico (espero no estar equivocándome). Por todo lo anterior, cuando llega la noche en estos día extraños de doblaje, mis músculos están “secos”, ávidos de glucosa para almacenar. Estas cenas son de reina.
Si entiendes por qué se producen las cosas, su mecanismo, su funcionamientos… si eres curioso, todo es más fácil.
Cuestiona. Aprende. Experimenta.

