19ª fragmento -Cicatrices por dar vida

Esta mañana me he despertado y tenía el cuerpo completamente fibroso. Apenas puedo coger un pellizco de grasa en mi abdomen, a pesar de que sigue estando algo dado de sí, cicatriz inevitable de los tres embarazos, el último de una niña de 4,5 Kg. No se nota porque de tanto intentar llevar siempre la espalda recta, abdomen tenso y suelo pélvico contraído, se ha quedado así casi sin esfuerzo, pero como me descuide, se me pone la barriga como a las del anuncio de Activia, y os prometo que no hay yogur que arregle eso.

Nadie me contó que ser madre provocaría alteraciones en mi cuerpo difíciles de devolver a la normalidad. Y no hablo de figuras estilizadas bajo ropa, que yo tengo fuerza de voluntad de sobra para cerrar el pico y perder los kilos, o mucho mejor, cuidarme durante el embarazo para coger lo justo y necesario. Hablo de alteraciones anatómicas secundarias al traumatismo del embarazo y del parto por vía vaginal (no tengo experiencia propia en cesárea).

Sí escuché sobre lo maravilloso que era ser madre, el enamoramiento a primera vista, la capacidad amnésica de la oxitocina (que te hace repetir al nublar todo lo que tenga que ver con sufrimiento) y sobre el placer de amamantar a tu hijo. La maternidad, idealizada por mí, seleccionando de forma inconsciente los contenidos que me llevaran a reproducirme como si aquello fuera para lo único que había nacido.

Nadie me habló, o yo no lo escuché, de todo esto: que era posible que la epidural no me hiciera el efecto que yo esperaba y experimentara el dolor más inhumano que yo había sufrido; que los pezones quedarían en carne viva la primera semana y amamantar se convertiría en una tortura; que el suelo pélvico se arruinaría por completo y necesitaría de mucho empeño y tiempo para que volviera a ser la mitad de lo que había sido; que la euforia del parto y de los últimos meses de embarazo darían paso a la tristeza, que se haría más grande aun por sentirte culpable por tener ese sentimiento cuando mi bebé reclamara toda mi atención; que en lugar de descansar, las noches privadas de sueño se prolongaría por mas de 6 meses, y aunque mejorasen, ya nunca volvería a dormir igual; y que, a pesar de todo, yo querría hacerme la fuerte y mostrar que podía con todo, que mi cuerpo no necesitaba descansar, y que ser madre no podía tener ninguna connotación negativa. Una super madre.

Ese fue el primer parto. En los otros ya lo sabía (dos más). Estaba preparada porque tenía la información de primera mano. Repetí la segunda vez porque no quería tener una hija única. Fui a por la tercera porque era mejor por si había que desempatar en alguna ocasión. Sin lugar a dudas, las adoro y no se me ocurren mejores hijas para tener.

Esta mañana, tras más de 4 años de entrenamiento diario que empezó siendo un juego y que se fue acercando a lo profesional, casi no puedes ver los destrozos de tres partos, pero aun los tengo. Son mis cicatrices por dar vida. Borrarlas no fue mi objetivo, aunque sea lo que más me preguntes. Ese resultado es secundario, pero también me gusta.

2 comentarios en “19ª fragmento -Cicatrices por dar vida”

  1. Elena Meca Hernandez

    He disfrutado mucho lleyendo tus fragmentos, yo te conocí en atletismo con el entrenador Juan Salvador , mi hermana y yo hacíamos marcha con Cristina y María del Mar que también son hermanas , ahhh mi nombre es Elena Meca , y mi hermana María Rosa . La verdad que eras una máquina corriendo , lo dicho me ha gustado mucho lo que has escrito . Muchos besos

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