12º fragmento -el cuadrante II

Intenté moverme en el cuadrante II con todas mis fuerzas, hacer que creciera en mi día a día consiguiendo que llegaran a mí todas las bondades de su dominio en la organización de mi vida… y fracasé.

No se trata de un fracaso permanente, sino de un fracaso a ratos, con poca importancia, tal vez motivado por una vida llena de imprevistos e imprevista por mí, porque me cuesta planear todo aquello que esté a más de una semana vista. Si queda tiempo para algo, gastaré más tiempo para hacerlo. Si queda poco, seré más efectiva. ¿No os pasa?

En el cuadrante II se encuentran las cosas importantes-no urgentes”. Si eres capaz de situar todas tus tareas aquí, dicen que vivirás más tranquilo y sin estrés, fácil-fácil. En el cuadrante I se encuentran las cosas “importantes-urgentes”, aquellas que te apremian, que te agobian y estresan con los plazos. Para mí, casi todas. Si sitúas tus tareas aquí, dicen que estás perdido. En los cuadrantes III y IV se sitúan las cosas no importantes, así que no pienso dedicarles tiempo (pero tened en cuenta que muchas de estas cosas no importantes para nosotros pueden serlo para otros que esté esperando que actúes).

Me acogí sin saberlo a las leyes de Parkinson para darme cuenta de que cuanto más cerca se encontraba un plazo por cumplir, más focalizaba yo mi atención, más recursos encontraba, más rápido viajaban mis ideas y menos dilataba en el tiempo la preparación de… una sesión clínica por ejemplo. Claro está que esto no es la panacea, porque la línea que separa el aprovechamiento de los minutos del agobio considerable es tan fina, que el estrés puede, en cualquier momento, adueñarse de tu cuerpo y nublar tu entendimiento. Y entonces, te saldrá un auténtico churro.

El verdadero arte es situarse en esa delgada línea sin perder el equilibrio, donde tus destrezas serán mayores, y el tiempo te cundirá como jamás pensaste que lo haría.

Esto me lleva a pensar en la excusas tan usadas y manidas del no tengo tiempo y sus sucedáneos. Los niños abandonan sus actividades extraescolares porque tienen mucho que estudiar. Los adultos no hacemos deporte porque no hay forma de sacar tiempo para ello (o cualquier cosa que te quieras proponer, que al final la cabra, yo, siempre tira para el monte). Y es que no es solo una cuestión de prioridades (que en gran parte sí), sino de la percepción del tiempo que necesitamos para hacer las cosas. A veces es posible que estemos más rato pensando que actuando.

De todas formas, no sé si recomendar el equilibrio sobre la delgada línea, o aprender de una vez por todas de mi hija Daniela, perfecta conjunción de la Ley de Parkinson y el engrandecimiento del cuadrante número II. Nos llegó así de serie, y me muero de envidia. Le encanta el calendario anual, en el que puedes ver todos los días de un solo vistazo, el mensual y el semanal. Sus tareas, perfectamente encuadradas, jamás estarán ni cerca de mi línea de equilibrio, pero habrá sabido situarlas en el lugar justo para dedicarles el tiempo preciso, ni un minuto más ni menos. No perderá un entrenamiento y es poco probable que la veas ponerse nerviosa con un plazo de entrega.

Lo que si es seguro, es que no hay nada que quieras hacer que no necesite de tu “proactividad”. Difícilmente las cosas vendrán a ti, si tú no vas a buscarlas. Pocas cosas son cuestión de suerte.

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