Mi amiga Rebeca, recién empezada su residencia de Medicina Interna, se echó un novio. O más bien, el novio se la echó a ella, porque ella, jamás se habría fijado en él, pero él tenía claro cual era su objetivo, y le sobraban tantas malas artes, paciencia y determinación para conseguirlo… Un capricho que se convertiría en trofeo que mostrar.
La relación no pudo empezar de forma más tormentosa. Él tenía una novia completamente obsesionada con su relación a la que habría dejado por quedar gravemente prendado de mi amiga, sin poder hacer nada por evitarlo. Sin embargo, no era justo causar tanto dolor a alguien que tenía tanta dependencia hacia él, así que continuó viéndose con ella, visitándola en Madrid, mientras Rebeca esperaba que el momento fuera más oportuno.
Y así debía de ser. Porque lo que había surgido entre ellos era un amor más allá de lo terrenal, algo que solo parecía tener explicación si creías en un poder superior que había promovido ese encuentro tan vital para el desarrollo del plan. Y Rebeca, tan sensata y cuerda, en ese momento, podría haber entrado a formar parte de las filas de cualquier secta sin oponer la más mínima resistencia.
De repente, ese amor era imposible. Todo estaba en contra, y él había intuido que si seguían para adelante, ambos serían las personas más desgraciadas sobre la faz de la tierra. “Adiós. Estoy roto en mil pedazos, pero no puede ser”.
Mi amiga lloró hasta que se le secaron los ojos. Él se fue de viaje con su novia.
Pero los días pasaron, y regresaron la sensatez y la cordura, al menos en lo más superficial (lo profundo mejor no removerlo), y comenzó a salir con sus amigos.
Apenas había pasado un mes, cuando regresó a su vera el que no sabía aun que sería más verdugo que amante.
El comienzo de una relación tan esperada nunca pudo ser malo. Los capítulos siguientes fueron pequeños desastres que no supo ver hasta que se fueron amontonando y no le dejaron ver otra cosa.
Tengo que dejar el piso que tengo alquilado. No pasa nada, te puedes venir al mío si quieres.¿Esas faldas te vas a poner para ir a trabajar?. He leído tu diario, y hablas de otro. Lo siento, fue cuando tú no estabas. Me destrozas. Cualquier tío que se te acerque lo único que quiere es follar contigo, y las tías…, seguro que son lesbianas. Cuidadito con ella ¿eh?, que te rompo las piernas. Lo hice porque te quería demasiado, no podía perderte […].
Un congreso fuera, y una noche con amigos y amigas de la facultad. Una llamada cada 5 minutos para ver donde estás. A la quinta llamada, Rebeca silenció su móvil, un Nokia de los antiguos.
2.00 am, llegando al hotel. Más de 15 llamadas perdidas. Una discusión telefónica que le hizo sentirse como una auténtica mierda, la persona más rastrera. Una puta. Casi no podía abrir los ojos en el desayuno de lo hinchados que los tenía. Sentía vergüenza. y de vergüenza, también lloraba.
Ahí se inició el cambio. El despertar. El se acabó. Con miedo.
Pero tuvo suerte. Ella siempre ha tenido suerte. El universo conspiró para alejarlo de ella sin ruido, sin tener apenas que hacer nada, solo comenzar a vivir de nuevo tras unos largos 13 meses de oscuridad.

