25º fragmento -No tengo tiempo: el tiempo es finito.

“¡No sé cómo tienes tiempo para hacer tantas cosas!”

Creo que es la frase que más escucho de la gente desde que mis redes sociales están inundadas de fotos de competiciones y entrenamientos, pero también de cursos y eventos relacionados con mi trabajo. Y sin embargo, tienes que saber que hay muchas cosas que tú haces y yo no (y esas, también ocupan tiempo).

El día, con sus 24 horas, parece quedarse siempre demasiado corto (y eso que solo duermo unas seis). Pero es que si tuviera 30 horas, lo seguiría rellenando hasta que no cupiera nada más en él (de nuevo la Ley de Parkinson: tus tareas se expandirán tanto como tiempo tengas para hacerlas). Así que la única diferencia entre un día de 24 y otro de 30 horas será la eficiencia con la que te organices para hacer aquello que tú hayas decidido hacer (una vez restado el tiempo de las tareas que no puedes posponer de ninguna manera). Tú le das prioridad a lo que quieras. Esta última es la parte que me parece más difícil, elegir.

Las prioridades, a lo largo de mi vida, han ido cambiando. En este momento en el que ya le di la vuelta al jamón, aprovechar el tiempo al máximo se ha convertido en una de ellas. Tal vez sea por eso que ni si quiera los fines de semana me quedo en la cama, y que mis siestas, si es que hay alguna, no duren más de 20 minutos de duerme-vela que me resetea y recarga las pilas. Ese sacar el máximo partido del tiempo para mí, no tendrá nada que ver con lo que signifique para ti (soy consiente de ello), pero no importa siempre y cuando tú hayas elegido en qué gastas tu tiempo y no te quejes continuamente de tus renuncias. Asumamos que el tiempo es finito, y que de alguna manera, tenemos un margen de maniobra para usarlo, aunque haya que estar dispuesta a realizar pequeños sacrificios.

He tomado la costumbre de estar preparada para lo que surja. Cuanto más difíciles se ponen las cosas, más preparadas hay que estar para la improvisación. A veces no sé si tendré tiempo para entrenar (en estos dos últimos años se ha convertido en una prioridad para conseguir competir al nivel que lo hago), pero mi mochila siempre irá preparada en el coche por si acaso. Hasta hace no mucho, cuando salía de una guardia a las 8 de la tarde si todo iba bien, con el “busca” a cuestas, me llenaba de excusas para no pisar la pista y me autoconvencía de que no pasaba nada por saltarme ese entreno o realizarlo en otro momento. El resultado era que ese entreno se perdía (y eso cuenta).

Fui al Decatlón y me compré una riñonera en la que llevar el móvil mientras entreno. Llevo un AirPod puesto por si suena el busca y no me entero, o bien le dejo el móvil con instrucciones de que me avise a alguno de los que comparten mi locura. Ya no me pierdo un entreno por una guardia, salvo que me suene el Airpod y tenga que salir corriendo (que para eso llevo ropa de recambio en la mochila).

Dejó de darme pereza abrir el ordenador en cualquier sitio para estudiar o para prepararme una presentación. Al final estoy segura de que muchas veces perdía más tiempo pensando en cómo iba a hacer algo que en hacerlo. Así que ahora mismo prefiero cerrar los ojos y lanzarme a la piscina con aquello que se me ocurra que puedo rellenar un hueco. Y el resultado es fabuloso.

Tú decides a qué dedicas tu tiempo. Es mejor no lamentarse del que no tenemos. Eso no quiere decir que no haya cosas a las que tengo que renunciar, aunque probablemente renunciar no sea la palabra. Y es que lo que tú crees que me puedo estar perdiendo, para mí es solo una elección consciente que me lleva a dedicar mi tiempo finito a lo que más me llena en mi lista de prioridades.

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