Cómo te sientas no puede ser el resultado de lo que haga otra persona o cúmulo de circustancias. Ni tu felicidad ni tu tristeza pueden depender del entorno, porque ese poder tiene que ser solamente tuyo.
Y es que haciendo un poco de abogado del diablo me da por pensar que eximirnos de cualquier responsabilidad es la tarea más sencilla que se nos puede ocurrir: si yo no soy responsable de mi felicidad no podré hacer nada por cambiar aquello que no me guste, así que como no vale la pena realizar ningún esfuerzo, pues mejor me quedo tumbada en la cama panza arriba mirando el techo fijamente y esperando que ocurra algo mientras cuento mis desgracias (casi todas relacionadas con mi peso), que me van aplastando cada vez más en el pecho, hundiéndome en el colchón y sintiéndome aun más desgraciada que al principio.
Cualquier inicio de un movimiento requiere de un empujón. Siempre.
Hoy no me apetece escribir una mierda, pero resulta que me comprometí a hacerlo, así que he abierto el Ipad y he buscado en los recovecos de las circunvoluciones de mi corteza cerebral hasta encontrar el tema.
Hace dos días no tenía ganas de aparecer por el estadio. Me esperaba un entreno exigente y salía de estar toda la tarde trabajando. Dejé de escucharme. Aparqué en la puerta del anexo y me cambié de ropa. Hecho. Luego fui a hacer la compra in extremis.
La mayoría de las veces (me atrevo a decir que casi todas), las cosas no salen sin un empujón inicial, o mantenido en algunos casos. Salvo excepciones, creo que la mayoría tendemos a la posición horizontal y al mínimo gasto de energía, una inercia difícil de romper, pero no por ello podemos culpar a otros de lo que nos pase.
Creo que todos podemos tomar las riendas de nuestra vida, pero que necesitamos un orden en nuestro interior para poder hacerlo. Identificar claramente hacia donde dirigirás tu esfuerzo, pero a largo plazo, nada de recompensas fáciles e inmediatas. Cuando lo tengas identificado en el horizonte, ya establecerás las paradas necesarias para llegar a él, esas que celebrarás como auténticos triunfos.
Me paso el día escuchando “me tengo que poner a dieta”, “me he puesto a dieta”, o similares. El objetivo sin duda es estar delgada, o con menos peso del que tienes. Yo lo aliñaría con estar más fuerte. Querer estar delgada me parece una equivocación que te lleva a realizar dietas hipocalóricas (me importa bien poco como distribuyas los nutrientes) que derrochan más músculo que grasa, te debilitan y sumergen a tu metabolismo en un estado de catatonia que no hay quien lo tolere (cansada e irritable). El objetivo tiene que ser estar saludable, lo que implica no solamente un peso adecuado respecto a tu talla, sino una composición corporal adecuada, con un metabolismo basal aumentado (porque el músculo es el horno donde se queman nuestras calorías) y una actividad física que te haga sentir vital.
Objetivos erróneos llevan a conductas erróneas. Tú no necesitas una dieta, necesitas un cambio de hábitos que se prolonguen en el tiempo para que el resultado te haga sentir que ha merecido la pena.

