“Mi vecino me ha dicho que eso no me lo haga ni loco, que es algo muy complicado y que no va bien”. Experiencia del vecino: su propio caso. Experiencia de la médica y el equipo de enfermería que le ha explicado hasta la saciedad con pelos y señales qué es lo que se le van a hacer y por qué: cientos (miles) de casos, más las revisiones de la literatura científica. Pura estadística. Nuestras decisiones están basadas en eso, en estadísticas que tienen en cuenta las diferentes características del paciente para llegar a decidir cual va a ser el mejor tratamiento.
Pero Manuel se muestra reacio a aceptar el tratamiento, porque claro, “una vez que te tocan, ya se sabe que todo se vuela, y yo estaba perfectamente hasta que me ingresaron”, y desconfía de nosotros, los sanitarios.
Se produce una negación de la realidad defensiva, o una falta de capacidad para responder a algo inesperado que supone un cambio radical en una vida que hasta hace unas horas, no estaba mal. Las cosas no diagnosticadas, no existen, como diría mi amiga Francis, y algunos pacientes, muchos, piensan que negando un hecho van a evitar los desastres derivados de un diagnóstico complejo y con futuro incierto. Eso pensó también Steve Jobs cuando lo diagnosticaron de un tumor de páncreas que tuvo la suerte de que fuera un neuroendocrino (curable). Suerte, que decidió no aprovechar, porque pensó que se curaría con una medicina “menos artificial” que la que yo practico.
La mujer de Manuel, sentada a su lado y escuchando atentamente, apuntando cuando su marido no dice algo adecuado o del todo correcto, corrobora lo que éste dice, y señalando, a través de la cortinilla que nos separa, al compañero de habitación, nos susurra que es él el que lo ha asustado, porque no le ha ido bien, y asegura tener lo mismo a pesar de no tener acceso a la historia clínica, ni a los antecedentes de Manuel, ni a sus pruebas de imagen.
Me armo de paciencia porque sé que la mayoría de las veces lo único que necesitan para no sentirse inmersos en un mar de dudas y miedos es una explicación convincente y entendible, que por poco tiempo, o por dar por sentado que obedecerán a nuestra prescripción médica sin hacerse preguntas, muchas veces no reciben. El paciente informante, metemiedos, el que está al lado, también escuchará a través de la cortinilla. Se vuelve a repetir lo que veo tanto, nuestras decisiones están condicionadas por nuestra propia experiencia, y lo entiendo. Pero en esta ocasión yo tengo una experiencia más amplia, así que déjame que te ayude, aunque en el caso de que tú tengas una complicación, me vengas con el “se lo dije”.
La vida de Manuel no volverá a ser como antes de ingresarse. Se irá a casa con un diagnóstico que lo etiquetará y entrará a formar parte de su historial médico electrónico, ese que hasta ahora permanecía impoluto. Con lo bien que él estaba. Con lo bien que se vive en la ignorancia. Tendrá que adaptarse y creer, poner de su parte. Aunque también puede negarlo todo y adelantar su próxima visita al hospital, en el mejor de los casos.

