69º fragmento -Dosis de felicidad efímera: una montaña rusa

Estoy harta de ver como en las consultas médicas no solucionamos casi nada, tal vez incluso creemos más enfermos.

Y es que de repente he visto un déficit tan grande, que me parece impensable que alguien no se haya dado cuenta antes. Perdón, si que hay alguien que se ha dado cuenta antes, pero la solución solo pasa por enriquecerse a toda costa, sacar provecho y engañar al público en general para obtener la mayor tajada posible de un problema tan grande como nuestra salud. Por nuestra parte, lo único que hacemos es copiar en el informe las recomendaciones de la OMS sobre ejercicio físico y alimentación (que nadie lee o que una vez leído no llega ni a la corteza cerebral). La pastilla, es la solución inmediata.

Al igual que no interesó comercializar una bombilla que durase toda la vida y la industria se puso en marcha para crear la obsolescencia programada con las máquinas, lo mismo están haciendo con nosotros. No buscamos soluciones duraderas y baratas (que cuesta mucho, aunque no sea dinero).

Las redes están inundadas de métodos rápidos para perder esa grasa localizada que tanto afea nuestra silueta (el caso es que no nos sintamos confortables en nuestro propio cuerpo). Promesas basadas en muy poca evidencia científica que te prometen reducir en un par de centímetros tu panículo adiposo cartucheriano tras una sesión de todo tipo de técnicas centradas en esa zona (si requieres de varias sesiones, ya tienes el pack de turno), acompañadas de pastillas mágicas que parecen hacer una lipolisis selectiva, o pociones que te hacen orinar todo lo que te sobra. Y es tan fácil creer en algo que supone tan poco esfuerzo. Bueno, dinero, eso sí, dinero que daremos besado.

Y es que hoy me salió un reel en Instagram que me pareció muy demostrativo de cual es el camino correcto. Tú pon un parche si quieres y sigue con tu vida, que se está muy a gusto, pero presta atención. No hay magia duradera, no hay soluciones fáciles a corto plazo, no te estás centrando en el verdadero problema, y te estás haciendo un esclavo o esclava de la satisfacción inmediata, adict@s a la recompensa a muy corto plazo, como los perros de Paulov, porque al final, eso es lo que estamos propiciando, pequeños subidones de autoestima, como cuando obtenemos 👍 y ♥️ en las fotos y stories que subimos a Instagram y Facebook. Adictos a pequeños chutes, como los de la cocaína, a los que nos enganchamos casi sin darnos cuenta.

El reel iba sobre una enfermera en la maravillosa década de los 20, delgada, pero con unos molestos acúmulos de grasa de distribución ginecoide (el cuerpo de pera, pero que a ella apenas se le notaba). Además, se quejaba de falta de energía y de ardores (reflujo gastroesofágico). Había decidido ponerse en manos de profesionales cualificados para mejorar, y no eran profesionales de clínicas estéticas ni de aparato digestivo, sino de alimentación (nutrición) y ejercicio físico. Dos meses después había conseguido disminuir en un 50% (creo recordar) su grasa localizada y su perímetro de cintura y caderas. Pero lo más significativo no era esto. Con los cambios de hábitos en cuanto a actividad física y alimentación, se sentía más vital, enérgica, había desaparecido el reflujo y estaba con ganas de hacer casi cualquier cosa (no había ninguna pastilla de por medio).

Y esto si es de verdad, e influirá en tu salud, tu estado emocional y tus procesos metabólicos, en las enfermedades que podrás desarrollar o que de forma silenciosa ya se están gestando en su interior, en tu manera de ver la vida, en tu reflujo , en tus digestiones pesadas, en tu estreñimiento, tu distensión abdominal (ay, que se me hincha la barriga), en los dolores que padezcas, en tus jaquecas, en la boca amarga, en ese trozo de carne molesto que cae del brazo cuando lo levantas, en tu equilibrio cuando te pones los zapatos sin sentarte, en la artrosis de tus rodillas, en la eficacia de tu sistema inmunológico, en tu fertilidad, en la fortaleza de tu cabello y tus uñas…

Pero nada, sigamos poniendo parches, sigamos con nuestros likes y nuestras dosis de felicidad efímera.

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