106º fragmento -Tengo mono de azúcar, o eso creo

Al final llegó el lunes, y con él, mi nuevo propósito de realizar una dieta que me ayude con los objetivos deportivos de este año.

El lunes, que tiene un entrenamiento fundamentalmente aeróbico por la tarde (cuando caiga el sol), está resultando ser dificilillo de llevar, y no porque mi sobrino de tres años y medio, pura energía, me esté dando más trabajo, que para eso están las primas que lo entretienen y lo distraen, sino porque hoy la dieta viene baja en hidratos de carbono (azúcares).

Para aquellas que me decían que comía poco (en cantidad), os puedo asegurar que hoy, comiendo mucho (en cantidad también), la sensación no me está gustando nada. Y es que yo me acostaba pensando en lo rico que estaba mi desayuno de tazón de café con leche y tostadas de aceite y miel (tostada del desierto, la llaman), y anoche me acosté pensando en el café solo que me ayudaría a llegar a las 12 horas de ayuno, para empezar a comer proteínas, fundamentalmente, a eso de media mañana.

No tengo hambre, no es eso.

Pero en mi cuerpo hay una sensación parecida al mono que deben experimentar los adictos. Está deseoso de consumir pan, arroz, pasta, un trozo de pizza…!!! Algo que calme este malestar que solamente conllevo cuando busco distracción para no pensar en él.

Hoy tengo un rodaje suave y ejercicios de técnica de carrera, y pretendemos que la mayor fuente de energía sean la grasa almacenada en mi cuerpo (aunque no tenga mucha), para de alguna manera mejorar el metabolismo aeróbico y favorecer la síntesis de mitocondrias, que luego vendrán fenomenal para corre más largo y a velocidades más altas de forma mucho más eficiente.

Y ya sé que es feria y estoy de vacaciones, que no podía haber elegido peor día para comenzar. Es posible. Pero en mi cabeza funcionan muy bien los plazos y la determinación cuando he decidido hacer algo, y prefiero comenzar cuando estoy de vacaciones, y que mi cuerpo se vaya adaptando, para que cuando llegue la hora de trabajar y los horarios en los que no cabe nada más, esté todo yendo sobre ruedas (una tarea aprendida).

Yo, ¡con mono de azúcares!, y no necesariamente de los refinados (pastelería y bollería industrial), que eso es que tampoco me haga mucha gracia. Imagino como estaría alguien que vive entregado a los placeres de la droga blanca que se come y no se esnifa, oculta en cada rincón de cada alimento procesado que ingerimos, a la vista en cada vitrina de pastelerías y de la sección de bollería industrial de cualquier supermercado, y del Dunkin´ Donuts, y de las palomitas dulces de los cines…

Me he entregado a una dieta y a un nutricionista que buscan sacar el mejor rendimiento físico a mi cuerpo, esperanzada en volver a competir esta temporada, al menos, como ya lo hice el año pasado (en mi interior, incluso bastante mejor). El mono se pasará.

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