139º fragmento -4 manos perfectamente coordinadas

He salido a toda prisa del despacho para cruzar la calle y llegar cuanto antes (con casi una hora de retraso sobre la hora habitual) y empezar las CPREs. Hoy hay una más de las que solemos hacer, estamos con la planta llena de complicaciones debidas a piedras que se salieron de la vesícula, y a tumores que consiguieron obstruir el flujo de la bilis.

Anestesista, enfermera de anestesia, residente, enfermera de endoscopias, auxiliar de endoscopias, celadores…, todos esperando a que yo aparezca para comenzar a acomodar al paciente que está en la antesala. Pido disculpas por la tardanza incontrolable y comenzamos a trabajar.

Esta técnica endoscópica, que disfruto y sufro a partes iguales (mentira, la disfruto más, aunque el sufrimiento se haga más patente cuando aparece) requiere de una gran coordinación entre la enfermera que asiste, y yo. Hoy está Mª Carmen, y con ella tengo telepatía.

Hay días que cada una parece tirar para un sitio; otros que ella me sigue; y algunos, como hoy, que yo he decidido estar atenta a sus movimientos para seguirla sin necesidad de hablar.

La última se ha quedado condicional, porque habitualmente con el parte normal, ya terminamos al final de la mañana cansadas y en hora. Pero hoy había demasiada gente esperando en planta y nos hemos propuesto aprovechar al máximo a cada uno de los que componen el equipo de la sala de endoscopia terpéutica. Sin hablar entre nosotros, mi llegada es como el pistoletazo de salida para que cada uno se concentre en su tarea no escrita para que cada una de las intervenciones salga perfecta, y en un tiempo perfecto.

Y la verdad es que da un poco de miedo, porque las CPREs muchas veces son como una caja de sorpresas, no sabes que te vas a encontrar, y aquella que parece más sencilla puede convertirse en un infierno, y al contrario también. Pero hoy estamos especialmente concentrados, porque la condicional queremos que se haga sí o sí.

Hoy yo sigo a Mª Carmen y ella lo sabe. Miro sus manos a ver cual es la siguiente acción, o la intuyo y ya me voy preparando, o todo resulta tan sencillo que parecen haber entrado en la sala todos los “hados favorables” (como decía el Dr. Abad cuando todo iba bien). Nos miramos satisfechas después de cada paciente, sin decir nada, porque en el fondo creemos que si celebramos lo rápido y bien que ha ido todo, puede que se pierda la magia.

Solo hay una que se resiste, pero por alteraciones anatómicas secundarias a su enfermedad que hacen imposible alcanzar nuestra lugar de trabajo, y aun así, aunque sea imposible, nos sentimos decepcionadas por no haber podido aliviarla.

Todo se alineó para que la mañana que había comenzado mas tarde de lo normal transcurriera sin sobresaltos a pesar de tener un paciente de UCI y otro con COVID. Mª Carmen y yo trabajamos como si fuéramos la misma persona con 4 manos perfectamente coordinadas y con un cerebro pensando en la misma dirección.

En el momento en que acabamos, no puede existir mayor satisfacción.

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