Una forma de malgastar el tiempo es preocuparte por cosas que no puedes cambiar.
Eso decían en los “7 hábitos de la gente altamente efectiva”.
Nuestras preocupaciones se pueden situar en nuestro círculo de influencia, y ahí podremos hacer algo por cambiar y que ese problema que nos quita el sueño desaparezca; o fuera de este círculo, y entonces es mejor que no le dediques ni un pensamiento, porque de todas formas, nada podrás hacer para arreglarlo.
El círculo de influencia puede crecer o hacerse más pequeño. Si nos centramos en problemas a los cuales no podemos dar solución desde donde nos encontramos quizás lo único que encontremos es desconsuelo, y demos vueltas y más vueltas a algo que solamente nos cree malestar, y además, es posible, que esto nos impida estar viendo problemas solubles más cercanos que invaden nuestra vida como molestas moscas, que vamos aplazando, aumentando el peso de la losa que no nos deja ni respirar.
Si nos centramos en aquello que no podemos cambiar nos convertimos en cascarrabias, con quejas continuas, frustradas, tristes, malhumoradas… y seguro que terminamos por tirar la toalla, empequeñeciendo aun más nuestro poder para actuar.
También somos muy de (aunque odie esa expresión) buscar excusas externas que expliquen lo que nos ocurre, todos nuestro males, eximiéndonos de cualquier responsabilidad.
Hay muchas cosas que podemos cambiar, incluso las que a priori parece que no, que se nos hacen un mundo. A veces hay que pararse y reflexionar para saber qué es lo que realmente quieres, lo que te molesta, lo que hace que tu vida no sea tal y cómo tú habías pensado, y a partir de ahí, identificar objetivos que quieras alcanzar y ponerte manos a la obra.
Los objetivos que más satisfacen son los que se consiguen con esfuerzo y a largo plazo.
Mi madre, que últimamente me sirve de mucho ejemplo, lleva solo tres semanas entrenando su cuerpo y cuidando su alimentación siguiendo un poco mis indicaciones, y ya empieza a notar el cambio. Por supuesto que aun estamos muy lejos del objetivo marcado, pero las pequeñas etapas que se van alcanzando son la gasolina que alimenta su fuerza de voluntad, aunque aun falte disciplina. Y tal vez ella piensa que para mí es un engorro dedicarle una hora dos veces en semana para que ella aprenda los ejercicios, para estar encima cuando cree que no puede más, para dar esa dosis de fatiga (Dr. Pareja) que poco a poco podremos ir incrementando, para entrenar la voluntad y la capacidad de sufrimiento, para que lentamente se vayan produciendo adaptaciones que hacen que semana tras semana se encuentre mejor… pero para mí es un placer. Me hace sentir orgullosa. 70 años de pura energía.
Y ella ya se movía antes. Andaba todos los días, iba al gimnasio, hacía sus ejercicios como ella sabía…, pero ahora está aprendiendo más y ve resultados. Y sonríe de oreja a oreja por debajo de su frente sudada.
Hay muchas cosas que están a nuestro alcance, incluso muchas que creemos que no lo están. A veces nos cuesta ver el camino.
Hay que aprender a situar nuestra preocupación en ese círculo que nos rodea, en problemas que podamos solventar, porque al ir dándoles solución, hará que pasemos a otro nivel superior, nuestro círculo de influencia se irá haciendo mas grande, seremos más poderosos, con más capacidad para sentirnos satisfechos y felices.
Yo, que tanto teorizaba sobre la necesidad de mantenernos activas para dar más vida a nuestra vida, y que lo llevaba a la práctica en mi propio cuerpo, hoy me encuentro más satisfecha que nunca ayudando a mi madre, y tal vez un poco a mis cuñadas, y a mis compañeras de trabajo, y a mi marido, y a mis hijas… a que lo sean.
Hemos cambiado el café por el gym, decía yo en el vídeo. Pero en realidad no había café, el del café es mi hermano. Yo no puedo “perder el tiempo” tomando el café, prefiero ganarlo mientras activamos el cuerpo, hablando de nuestras cosas en los descansos, dando más vida a la vida de mi madre, pero también, mucha más vida a la mía.

