385º fragmento -Pequeños, pero no insignificantes

Había dejado de coger el sueño casi de forma inmediata.

Había dejado de leer la media hora previa a cerrar los ojos.

De repente, me escocían tanto los ojos, que no podía fijar la vista en la pantalla del Kindle que apenas estaba retroiluminado. Terminé acostándome un poco más tarde con cualquier otra excusa, y dejando de leer. Se alargó el pensamiento previo a la inconsciencia y casi pensé en tomar algún hipnótico que me ayudara a acortar este momento que se alargaba más allá de lo que yo necesitaba para reorganizar y repasar tinglados del día acabado y del siguiente.

Pero Alejandro, mi resi mayor, en una guardia, habló del Problema de los 3 cuerpos, de una literatura que yo nunca había consumido, de una ciencia ficción filosófica, algo durilla. Yo hace tiempo vi la serie el problema de los 3 cuerpos. Básicamente una mujer china, viviendo en un mundo sin esperanza en la revolución cultural decide enviar un mensaje de auxilio a unos extraterrestre que se encuentran tan lejos de nosotros, que tardará cinco siglos en llegar a nuestra amada Tierra. Y vienen a aniquilarnos. Son tres libros en los que pululan muchos personajes con nombres que tuve que apuntar para no mezclar, en épocas dispares, donde la hibernación es como viajar en el tiempo, y dónde el punto de mira, el observador, cada vez se encuentra más lejos, dando cuenta de cómo nos hacemos insignificantes en la inmensidad de un universo infinito, en un bosque oscuro en el que nadie quiere mostrar su posición.

He tardado muchísimo en leérmelos. Me han resultado tan difíciles como apasionantes, y jamás habría esperado que una ciencia ficción así pudiera engancharme tanto, hasta desear que no acabara… Pero después de terminar, cuando todo volvía e empezar, cuando te quedas vacía y casi te sientes sola, como si el libro te hubiera abandonado, necesitaba una literatura de esas que te enganchan por ser más mundana y centrarse en un territorio, en una vida, en la evolución de las relaciones, en valores, en las miserias de la humanidad, de unos humanos en concreto, y abandonar el universo y sus infinitas civilizaciones escondidas con guerras interestelares de las que aun no somos conscientes.

Me sentí tan pequeña leyendo a Liu Cixin, que cualquier tipo de preocupación o sentimiento dejó de tener importancia. Somos tan poca cosa…

Y sin embargo, “Por si algún día volvemos” me devuelve al mundo microscópico en la Tierra, en un pedazo de tierra, a la desesperación por sobrevivir como sea, sin saber muy bien por qué.

He pasado de ver a través de un telescopio a hacerlo a través de un microscopio que obvia por completo la existencia de un sistema solar que esta dentro de una galaxia y esta, a su vez, dentro de ¿un único universo?

He vuelto a coger el sueño rápido dejando que mi mente transforme en fotogramas el texto leído previamente. Te lo puedo contar como si fuera una película, o puedo vivirlo como si fuera un sueño. Casi siento el dolor de la protagonista, de la falsa Cecilia.

Por un tiempo olvidé que leer, aunque solo sea media hora o el tiempo que mis ojos cansados me permitan, abría mi mente y templaba mi cuerpo, relativizaba mi importancia, me hacía viajar y ponerme zapatos ajenos.

El universo me hizo sentir tan pequeña…, y Cecilia volvió a hacer importante al individuo.

Cada persona, un universo.

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