El aire, no engorda.
No es cierta la frase “Yo no como para estar así”, evidentemente sí lo haces, porque si no, estarías perdiendo peso. El problema es que no sabemos, ni somos conscientes, o nos autoengañamos, o no nos merece la pena el “sacrificio”… Si fueras capaz de mirar a más largo plazo, seguro que si te merecería la pena.
Nuestro cuerpo es el resultado de una resta: a las calorías que ingieres a lo largo del día, réstale las que gastas. El sobrante irá a parar a tu almacén.
Tenemos dos formas de almacenar calorías básicamente en nuestro cuerpo:
• Glucógeno: en el hígado y en nuestros músculos. Cuanto más músculo tengas, más capacidad para almacenar de esta forma. Esta energía es fácil de gastar, fácil de movilizar…
• Grasas: en el tejido celular subcutáneo, por debajo de nuestra piel; y nuestra grasa visceral, la que va aumentando en volumen fundamentalmente la barriga de los hombres, pero también la de la mujer que ha traspasado la barrera de la menopausia (aunque antes también ocurra). Esta energía tiende a quedarse con nosotros, porque las épocas de hambruna son poco probables.
Si has comido 2.000 Kcalorías a lo largo del día, y has consumido 1.200, te sobran 800, y seguramente todas no caben en tus músculos y tu hígado, por lo que se irán a nuestros brazos, cartucheras, abdomen, papada…. Comer 2000 Kcal no es nada difícil. La cosa empeora con los atracones.
Cuando inicié mi dieta deportiva, para llevar más o menos un control sobre las calorías y los macronutrientes que ingería, encontré una App que me permitía ir anotando todo lo que comía, y hacía el cálculo de todo esto, día a día: “FatSecret”. Y os puedo asegurar que al principio era un auténtico suplicio ir rellenando aquello, pero por otro lado me permitió en menos de un mes, tener una idea visual de qué y cuando debía comer qué cosa, y pude dejar de utilizarla.
La mayoría comemos más calorías de las que creemos.
Igualmente, la mayoría creemos estar más saludables de lo que estamos.
Subirnos a una báscula y mirar hacia los pies para ver los Kgs que refleja, no nos da mucha información, porque probablemente nuestra composición corporal sea una pena y, por tanto, nuestra edad metabólica sobrepase con creces la cronológica. Somos cuerpos envejecidos de forma prematura, con escasa reserva vital para enfrentarnos a cualquier cosa.
No puedes perder peso sin hacer ejercicio físico, o sí puedes pero no debes, ya que mucho irá a cargo de tu músculo y disminuirás tu peso libre de grasa, tendrás mayor tendencia a la resistencia insulínica, bajará tu metabolismo basal (lo que gastas sin moverte), engordarás con menos esfuerzo (porque ya no tendrás músculo que queme calorías) y serás un diabético en potencia (porque cada vez circulará más azúcar por tu torrente sanguíneo).
No sirve de nada andar una hora todos los días. Aunque algo es mejor que nada.
Pero si vas a gastar una hora de tu vida en algo que crees que es bueno, haz que sea bueno de verdad. El tiempo es oro, y tú lo estás invirtiendo en salud, haz que cuente.
Andar una hora todos los días, cambiando de ritmo, subiendo cuestas, escaleras, dando de vez en cuando un sprint, sometiendo al cuerpo a estímulos nuevos, es más que algo. Mucho más. Los entrenamientos tipo HIIT, donde alternas un aumento de intensidad con un descanso activo (por ejemplo, correr un poco más rápido durante 30 segundos, e ir lento unos 90, y repetirlo unas 8 veces) han demostrado mejorar la composición corporal y aumentar nuestro metabolismo basal (lo que gastamos en reposo).
Y aunque todo sea mucho más complejo que lo arriba expuesto, es suficiente para comenzar, para tomar las riendas.
Porque hoy, la mayoría de nosotros, de la población occidental, tenemos sobrepeso, y los que no, probablemente tienen una composición corporal que deja mucho que desear. Porque nos ha tocado vivir en una sociedad abocada al sedentarismo y a la mala nutrición, y solamente si somos consciente de ello, podremos cambiarlo. Y merece tanto la pena…

