266º fragmento -Envejecerás cuando te pares (a lo peor ya lo has hecho)

“¿Te acuerdas de cuando te veías las piernas demasiado musculosas, sobre todo los gemelos, y no querías ponerte faldas? Tendrías 15 años.”

Eso me lo dice mi madre mientras estamos reflejadas en el espejo del gimnasio tratando de que todos los ejercicios que le estoy enseñando con las mancuernas los aprenda bien, y sepa corregirse cuando se ve.

Es nuestra tercera semana de “Abuela Carmen Fit”.

La semana pasada estuvo de viaje, y lejos de dejarse ir, el compromiso que ha adquirido conmigo le ha hecho cuidarse durante esa semana, tanto en la alimentación, como en mantenerse activa aunque yo no estuviera al lado para recordárselo, y ha vuelto feliz por haberlo conseguido. Muy feliz.

Mi padre, con 69 años que no aparenta, se sigue subiendo a los árboles para podarlos, y seguramente también para coger alguna naranja o granada que no quede a su alcance desde el suelo. Jugó al futbol cuando era joven. Yo recuerdo perfectamente verlo jugando con los veteranos de Michelin, vestido de amarillo con el 2 en la espalda en el único campo de césped que había. Para mí, era el mejor del campo con diferencia. Como un Sanchís. Y activo se ha mantenido siempre, tanto por su trabajo, donde la fuerza ha sido importante, como por su afición a cuidar de animales y plantas en el cortijo que fue de mis abuelos, y sobre todo por su ahínco por no dejar entrar al viejo, igual que yo.

Mi madre nunca hizo deporte y su vida no fue muy activa, si me refiero a actividad física. Creo que nunca antes ha sido mas activa que ahora. Sin embargo, colaboró en nuestra inmersión en el deporte, una especie de salvavidas que nos alejaría de todos los males que acuciaban a los jóvenes y ayudaría a llevarnos por el buen camino. Mi madre tampoco quiere dejar entrar a la vieja.

Me encontré, cuando me propuse empezar con ella este reto, con una mujer de 70 que salía (y sale) a caminar todas las mañanas, e iba al gimnasio a su libre albedrío, que apenas conseguía levantarse del suelo desde la posición de rodillas. Pero por otro lado, y más importante aun que desde donde partíamos, es que me encontré con una mujer dispuesta a aprenderlo todo y a superarse día a día sin quejarse, creyendo que podía alcanzar un estado de forma física mejor del que tenía.

Andar no es suficiente. Los estímulos repetidos hasta la eternidad que no suponen ningún cambio rara vez estimularán a tu cuerpo, que siempre tenderá a ahorrar, a vivir con lo mínimo imprescindible. Así que nos hemos propuesto fastidiarlo, para que sepa que no puede dormirse, que aun queda mucho juego y lo queremos afrontar de la mejor forma posible.

Hoy me miro en el espejo del gimnasio y aun me cuesta reconocer que ese cuerpo definido sea el mío. Creo que nunca antes tuve mejor cuerpo que a mis 45 años. Ya no me quejo de mis gemelos y me gustan mis piernas. Tal vez demasiado musculoso o flaco para algunas, que se empeñan en recordármelo demasiado a menudo, pero el que a mí me gusta y quiero. Y lejos de esa simple apariencia que refleja el espejo, o en consonancia con ella, lo que mi cerebro percibe es que tengo fuerza, que estoy sana, que puedo con cualquier reto, y que esta es la inversión más grande que puedo hacer en calidad de vida.

Mi madre ya no se levanta con dificultad desde la posición de rodillas una vez, sino que se levanta varias veces seguidas y la última de ella sin usar sus manos. Y solo llevamos 3 semanas.

Mi padre continúa subiéndose a los árboles y este año lo picaré para que vuelva a subirse a la tabla de paddle surf, desde la que se cayó tantas veces como las que volvió a subirse el año pasado.

No dejamos de bailar porque estemos viejos, estamos viejos porque dejamos de bailar.

Hoy es un buen día para empezar a moverse. Búscate la vida.

Reel tercera semana “abuela Carmen fit”

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