267º fragmento -El alma duele en la barriga

El alma duele en la barriga.

Mi consulta está llena de dolor de alma.

La falta de herramientas para enfrentarse a situaciones de lo más variopintas se instala en las entrañas alrededor del ombligo, o justo en el hueco que queda entre los dos arcos costales inferiores, amenazando digestiones, tránsitos intestinales y provocando náuseas, vómitos, inapetencia, o justo lo contrario.

Después de una anamnesis destinada a intentar encontrar un pequeño hilo del que tirar por tratarse de un síntoma o signo alarmante, la mayoría de las veces te quedas desinflada ante molestias abdominales de todo tipo y variedad, que impiden el sueño, que aparecen y desaparecen sin saber muy bien por qué, que no se asocia a nada de lo que comas, o a veces parece que sí, que no te hizo perder ningún kilo, tal vez ganarlo, que en ocasiones se transforma en retortijón y te lleva con urgencia al baño… que no desaparece con nada, salvo cuando le da la gana.

El dolor de alma a veces aprisiona tu esófago y parece que los nudos vayan a romperte el pecho, pero otras muchas veces, se instalaron alrededor de tu ombligo.

Me duele hace años, de algo será.

Nuestro tubo digestivo, segundo cerebro lo llaman, bañado por todas las sustancias que puedan llegarle por sangre (todas las hormonas circulantes) , por sinapsis neuronales (todos los estímulos nerviosos que llegan desde nuestro cerebro) y del exterior (toda la transformación del alimento que tiene lugar en la luz del tubo digestivo). Más que un cerebro, es un órgano extenso a merced de todo lo que ocurre fuera y dentro de nuestro cuerpo. ¿Cómo no se iba a ver afectado por todo lo que nos pasa?

Nuestras preocupaciones, nuestro estrés, nuestra falta de sueño, lo que comemos, lo que no nos movemos, lo que pensamos, lo que queda en nuestro subconsciente y creemos que no nos afecta… se ensaña con él. Y nos duele. Nos duele y deja de funcionar de forma adecuada. Y aumenta su permeabilidad, y el paso de bacterias a nuestra sangre, y su motilidad, y las secreciones de moco, y su reacción ante un estímulo provocándonos una urgencia para ir al wáter cuando acabamos de comer (reflejo gastrocólico exacerbado)

Y buscamos el motivo cuando lo sabemos de sobra.

Y creemos que habrá un cáncer que no habrán encontrado.

O tal vez sea un intolerancia, o un SIBO, que está tan de moda.

Y ya, hace 10 años, me dolía así.

Mi consulta de Digestivo está llena de dolores de alma en el ombligo, y lejos de centranos en la causa del mismo, buscamos soluciones que nos parezcan más plausibles que nuestra ansiedad, falta de recursos para solucionar problemas, o asunción del estrés que sé que tengo porque soy incapaz de controlar todo lo que ocurre a mi alrededor.

Tengo 10 minutos por paciente. En la última, sin más gente esperando en la puerta, dedicamos más de 30 minutos a hablar, y el cuerpo pareció aflojarse cuando su boca dijo todo lo qué le preocupaba, y aceptó su incapacidad para dejar de hacerlo. Porque no era nada importante. Era solo que no sentía que podía controlar la situación. Y no hay psicólogo que le ayude, porque ella sabe lo que le pasa y qué tiene que cambiar, pero no está dispuesta. No puede. Y el alma le sigue doliendo en la barriga, y le quita el sueño, y la hace adicta al orfidal, y le hace cerrar las ventanas, y cree que es mejor morirse… Y trato de sacarle una sonrisa y de ponerme en su lugar, y de mostrarle una salida, y de quitarle importancia a lo que no la tiene…

Y sale diciendo gracias, a pesar de no haberle prescrito ninguna prueba para buscar la causa de su dolor.

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