De un tiempo a esta parte comienzo a ver todo desde un punto de vista más global. Creo que se han hecho tantas parcelas, que han dejado de estar conectadas. Tratamos a los pacientes como seres con órganos independientes y no como personas con órganos interconectados (sobre todo las especialidades quirúrgicas -de algo me salvo-), y además, fijamos nuestra atención en tratar el resultado de la catástrofe en lugar de la causa de la misma.
En mi escuela para la salud, te enseñaría a pescar.
Nada de guiones genéricos que seguir como si fueras igual al que tienes al lado. De lo general a lo específico, porque cada uno de nosotros tiene unas necesidades, una base, o ninguna, una percepción de lo que debe ser, y una meta a la que aspirar.
En mi escuela de la salud aprenderías y no necesitarías a la larga que nadie te dijera qué puedes o no comer, porque tú sabrías hacerlo. Aprenderías qué alimentos y por qué comerlos, en qué circunstancias y que te aportan, que lo que comes no solo son calorías que ir acumulando en uno u otro almacén, sino que provocan respuestas metabólicas tan dispares, que a la misma ingesta calórica estarás promoviendo una inflamación generalizada de todo tu organismo o, por el contrario, estarás haciendo que todo vaya como la seda.
En mi escuela para la salud no habría recomendaciones mágicas sin soporte en hechos ciertos y reales; no se guiaría por modas ni por los principios de la inmediatez. Todo es más sencillo y atemporal.
En mi escuela de la salud empezaríamos por los cimientos, aquellos que sin saberlo, nuestro antepasados conocían porque no estaban bombardeados por tantas mentiras cuando su salud y su alimentación no le importaba a nadie porque aun no se había convertido en una mina de oro de la que sacar indecentes beneficios a costa de todo, sin importar nada más, y la actividad física era parte inherente de nuestro día a día.
En mi escuela de la salud te guiaría para que hicieras de la actividad física una parte indispensable de tu vida, aprovechando todos los recovecos que pudieran invitarte a moverte, a hacer uso de tus sistema musculoesquelético y cardiovascular, para que no se atrofien, sino que sean salvadores del resto de nuestros órganos y nuestra psique.
La psique. “Más psicólogos hacen falta”, decía hoy un candidato por la tele. Más actividad física al aire libre, diría yo. Más actuar en la base del problema y menos seguir limpiando las cumbres más visibles (aunque siempre habrá cumbres que limpiar).
En mi escuela de la salud te haría ver que las enfermedades, en su mayoría, las que nos acosan, apremian, y requieren tortilla de pastillas de diversos colores para nuestros mayores, son prevenibles desde ya, solo con un cambio de conducta. Acumular goteras no es obligatorio ni va aparejado a cumplir años, sino a lo mucho o poco que te hayas esforzado por ir, la mayor parte del tiempo, contra la corriente que dicta la publicidad. Déjate un 15% para relajarte, si acaso.
En mi escuela de salud te enseñaría que casi siempre lo más sensato, en casi todo, es la variedad. Variedad en los ejercicios que practiques, en los sitios que visites, en la comida que ingieras, en las cosas que escuches, en las cosas que creas, en lo que quieras aprender…
En mi escuela de la salud te enseñaría que lo que resulta más sencillo casi nunca es lo mejor, y que todo se hace más sencillo cuando empiezas a practicarlo. Que si quieres que algo cambie tienes que hacer algo por ese cambio, y que si pensaste que tenías que hacerlo, ya estás tardando.

