299º fragmento -Discrepancia cuerpo-mente

Discrepancia cuerpo-mente.

Ocurre desde el mismo día en el que me calcé los clavos para volver a correr un 400 en poco menos de 1:04, 16 años después de haber colgado las zapatillas.

Cuando vuelves a entrenar, a una pista, es como si el tiempo no hubiera pasado, y tu mente te pide hacer cosas que probablemente ya no puedes, o bien que te lesionarán irremediablemente, porque para todo el aparato locomotor, si pasó el tiempo, el desuso..

No recuerdo que me doliera tanto el cuerpo cuando volvía a correr después de un periodo de descanso estival.

Ayer hice un “father-water”. Consiste en tirarse de cabeza al agua en la playa y bucear hasta que tus pulmones te pidan salir para ver cuanto de lejos de la orilla has conseguido llegar. Esta distancia se irá ampliando con la práctica, con el paso del verano, al igual que los oídos dejarán de doler cuando intentas llegar cada. vez más al fondo. Cada brazada que daba, era consciente, oía, como unas maracas en cada uno de mis hombros, y puede que también en mi cadera izquierda, y a pesar de no sentir dolor, me parecía desagradable.

A veces tengo la sensación de haber agotado todas mis vidas, como atleta máster que consigue correr de vez en cuando con las absolutas, en estos últimos 3 años.

No suelo apuntar en mi cuaderno de entrenamiento todas las molestias que tengo, no solo porque muchas veces serían incontables, sino porque además, las molestias no siempre las percibes de la misma manera. Hay épocas en las que le das más importancia que otras. Así que ahora, ahora que me duele hasta el paladar un rato después de haber salido a correr mis primeros 35 minutos seguidos después de mucho tiempo, trato de averiguar si en algún momento estuve igual de mal y dolorida que ahora, o es que los 46 que se aproximan me van recordando que ni los músculos, ni los tendones, ni los ligamentos, ni cada uno de los procesos metabólicos que tienen lugar en el interior de mis células, son igual de efectivos, que por ellos, también han pasado los mismos años que han llenado de arrugas mi frente y de canas mis sienes, y los mismos que acortan los telómeros de mis cromosomas.

Y aun así, me rebelo, y me propongo pequeños retos que me hacen sentir que aun mi cuerpo obedece a pesar de la oxidación indiscutible del contacto con el medio ambiente y radicales libres, y productos de deshecho, y comida basura, a veces.

Y me obedece cuando decido subirme a la tabla de paddle surf e irme más allá de las boyas para remar un poco contracorriente y sorteando pequeñas olas que quieren desequilibrarme, y luego intento hacer lo mismo con las dos pequeñas subidas en ella, o con la mediana también de pie.

Y me obedece cuando me tiro de cabeza y buceo todo lo que puedo y salgo a la superficie para hacer el muerto y después dar una voltereta para atrás con las piernas estiradas.

Y me obedece cuando decido jugar al vóley playa versión amigos a pesar de no tener ni idea y me sale el saque con la mano en alto o intento recibir el saque que me parece un misil de mi hermano.

Y también me obedece jugando a las palas, salvando pelotas que casi había dado por imposibles, y cuando decido bañarme a pesar de las olas que amenazan con engullirme y escupirme contra la orilla.

Pero necesito olvidarme de que me duele el cuerpo, y seguir como si nada. El pie derecho, la cadera izquierda, la planta del pie, la espina iliaca anterosuperior derecha, y a veces, hasta el alma.

Y me encanta mantener la discrepancia cuerpo-mente.

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