Si tu estado físico no te parece importante ahora, y el deterioro progresivo es tan lento que apenas te das cuenta de que vaya ocurriendo… ¿cómo vas a querer poner remedio?
¿Es que a ti nunca te va a tocar?
Tal vez no me creas cuando te digo que:
– Apenas eres consciente de que tus facultades mentales, tu coordinación, tu rapidez mental, tu nivel cognitivo o estado de alerta van de la mano de un estado físico saludable…
– Tal vez ni siquiera sepas lo que es un estado físico saludable. Quizás pienses que lo tienes.
– Quizás solo cuando tengas que subir 5 plantas seguidas te des cuenta de que es paupérrimo
– Quizás cuando tengas una enfermedad y te hablen, no de tu edad cronológica, sino de tu reserva vital, la que te ayuda a enfrentarte a los envites de salud con mayor o menor garantía, sepas que no importa los años que tengas, sino como hayas decidido vivirlos.
– Quizás el miedo nos entre cuando llegue lo irremediable. Con suerte, tal vez cuando aun, parte del estropicio sea reversible, como al cirrótico alcohólico recién diagnosticado al que se le dice que deje de beber, que parte de su enfermedad mejorará aunque no desaparezca. Y hace caso. Y deja de beber, porque total, no es que lo necesitara para nada, es que era un bebedor social y bebía lo que encartaba. Y lo seguiremos en consulta, y tal vez, con suerte, no desarrolle ninguna complicación. Tal vez te pille en este punto.
– Quizás si ahora te haces consciente de que probablemente la última parte de tu vida, y en lugar de apuntalarla con fármacos e innumerables visitas a médicos y al hospital, puedas asentarla sobre todo lo que te brinda cuidar la funda que te ha tocado en suerte, quizás aun estés a tiempo.
Me estalla la cabeza y me dan ganas de bórrame de ser médica cuando leo que por fin tenemos la pastilla que pretende mejorar el estado de aquellos hígados convertidos en foie gras inflamado por parte de sus portadores a base de buenas ingestas de azúcares, comidas copiosas, y nula relación con una actividad física entre otras cosas.
Una pastilla diaria. Creo.
Carísima.
En lugar de haber empezado por la base, por verlas venir, por darnos cuenta de que el tsunami que finalmente arrasó a Estados Unidos haciendo que la esteatosis hepática no alcohólica (sí, la de comer y no cuidarse) se hay convertido en la primera causa de trasplante hepático. Que si lo necesitan, en la misma cirugía le hacen una bariátrica para que pierda peso y le trasplantan también los islotes de Langerhans que dejaron de funcionar porque el páncreas ya no pudo más con tanta azúcar de por medio. Una cirugía metabólica en toda regla por falta de compromiso con uno mismo.
Medicina de parches.
Medicina de parches, en lugar de medicina preventiva. Que las farmacéuticas tendrán que vivir ocupando los primeros puestos de las listas de los más ricos. Y sus accionistas también.
Me gustaría más hacer ricos a los licenciados en ciencias de la educación física y deporte y a sus aliados.
Me gustaría más que ese dinero fuera para grupos multidisciplinares para educación para la salud desde las bases, para enseñar a hacer aquello que hemos ido olvidando porque la sociedad nos sienta cómodamente ante pantallas gigantes o ante teléfonos inteligentes que nos vuelven imbéciles y quiescentes, con una bolsa de material comestible salidulce en una mano, y un refresco con cafeína o bebida energética (mejor aun) en la otra para compensar este cansancio infinito, que no sé por qué tengo, con las mismas o más calorías que las que necesito para pasar el día.
“Y aun no sé por qué estoy tan cansada, malhumorada, triste y harta de todo día sí y día también”
Me gustaría más que nuestra sanidad pública se diera cuenta de donde merece la pena invertir para tener una población sana de verdad y no en apariencia.

