Con nuestros hábitos de vida hemos conseguido hacer paté nuestros hígados (NASH: non-aloholic steatohepatitis). ¡Qué pena que no sirvan para comérnoslos!
Sí que sirven para que esto sea el 30% de las indicaciones de transplante hepático en EEUU. Así que, cuando las barbas de tu vecino veas pelar… pues ya sabes.
¿No os escandaliza? Un tercio de los hígados transplantados lo son porque no hemos sabido comer de forma adecuada y nos ha dado igual maltratar el cuerpo en el que nos ha tocado vivir. Si no teníamos suficiente con enfermedades provocadas por bacterias, virus, autoinmunidad o alteraciones genéticas, nosotros nos empeñamos en crear una nueva pandemia (mientras en otros lados mueren de hambre -cuña necesaria-).
Paciente tipo: 42 años. No bebe, fuma a veces, su perímetro abdominal sobrepasa los 100 cm (te lo puedes medir a la altura del ombligo); cree que con las actividades que realiza en su casa o con lo que se mueve en su trabajo tiene suficiente; no tiene ni idea de qué es comer bien o tal vez haga oídos sordos de lo que ello significa (“porque lo bien que sienta llegar a casa tras un duro día, y ponerse a cenar hasta no poder más, no hay quien lo pague). Se ha hecho un análisis y tiene las transaminasas (lo del hígado) un poco alto (una chispa). Se pide una ecografía: el hígado parece que brilla más de la cuenta (grasa infiltrando el hígado). Se pide una elastografía hepática (fibroscan): y ya empieza a estar “durillo”. Empezamos seguimiento semestral/anual. Damos indicaciones: dieta equilibrada; ejercicio a diario; cuidado con el azúcar… No cumple. “Si yo estoy bien. No me noto nada”. Meses/años después: cirrosis hepática, diabetes, hipertensión arterial…
1/3 de los hígados trasplantados es porque el nuestro lo hemos convertido en paté y ha dejado de funcionar. Necesitamos una pieza de repuesto.
Hay una empresa farmacéutica a la que se le ha ocurrido comercializar un fármaco para el tratamiento del NASH. Así que no te preocupes, puedes seguir comiendo lo que te de la gana, con tu vida sedentaria, y echándole la culpa a los demás por no poder cambiar algo tan sencillo. Es probable que la empresa esta tenga acciones en alguna de alimentación, encargada de hacer apetitosos y falsamente saludables productos que encima son avalados por la sociedad española de pediatría o patrocinadores del deporte infantil. Mierda de poderes fácticos.
Pero nosotros nos seguiremos dejando llevar. Porque cuando yo te digo que no puedes beber alcohol, tu te agarras a que un médico en la televisión ha dicho que una copa de vino con las comidas es saludable (no hay cantidad mínima de alcohol que se considere beneficiosa); porque cuando yo te digo que pasear no es hacer ejercicio, lees en la revista de Ana Rosa que es saludable andar y crees que es suficiente (esta médica no tiene ni idea); porque cuando te hablo de vida saludable, tú me contestas que entonces para qué queremos vivir.
Pero cuando tu hígado sea cirrótico y necesite un recambio mientras que ingresas una y otra vez por todas las complicaciones; o te de un infarto y te pases en la UCI unos días lleno de cables, monitores y tubos (en el mejor de los casos); o un ACV (infarto cerebral) tras el cual necesites rehabilitación para llegar a realizar las actividades básicas de la vida diaria; o tus rodillas tengan que ser sustituidas por prótesis… no te acordarás de todas las papeletas que fuiste comprando cuando yo intentaba que no te quedaras con ninguna.
Y lo llamarás mala suerte.
Y querrás un hígado nuevo porque no has sabido cuidar el tuyo.

