Hoy he empezado un nuevo cuaderno para apuntar entrenamientos.
En mi desorden, pueden pasar semanas sin apuntar nada, y luego recurro a la app del Garmin para recordar entrenos e ir anotando, pero de esta forma, me pierdo las sensaciones, los dolores, si en ese momento estaba en fase lútea o si hacía un calor de mil demonios o viento que me dejaba parada a la salida de la curva. En fin. El orden no es lo mío, pero aun así no descarto que algún día lo sea. Y me acuerdo de mi madre diciéndome en mi adolescencia que ordenara mi habitación.
He dado por terminada la temporada al aire libre. Ya no competiré. Hasta hoy pensaba que tal vez podría estar para hacer algo en el andaluz de clubes, pero Roberto, en cuanto se lo propuse, me tachó de imprudente, y ya no hay más que hablar. Una se vuelve poco objetiva cuando de una misma se trata, porque las ansias de competir, de hacer algo más, de acabar la temporada, de formar parte del equipo… puede más que la prudencia. Así que, obedezco y punto.
Hoy corrí 20 minutos levemente progresivos sin dolor. Una molestia de 1 sobre 10. A ver cómo está mañana. He descubierto que estirando isquiotibiales y activando glúteos antes de correr mejora la cosa. También uso el foam roller.
El dolor, que al principio apareció de forma puntual, se terminó haciendo omnipresente. Acorté la zancada, y solo pude olvidarlo en el momento en el que sonaba el pistoletazo de salida, para volver a sentirlo justo después de cruzar la meta. No he podido competir bien al aire libre. Notaba como si me tensaran una cuerda desde la pierna izquierda y no me dejaran avanzar. Tardé demasiado tiempo en decidir que no era algo pasajero.
Tal vez, a toro pasado, sea más fácil decir que descuidé la parte invisible del entrenamiento. La parte regenerativa, los estiramientos, la vuelta a la calma, los ejercicios que te ayudan a prevenir lesiones, las visitas a mi fisio… Pero a veces, cuando el tiempo escasea, prescindes de aquello que te parece que es lo más prescindible. No dejas de lado entrenamientos duros, sino que quitas de en medio aquellos que de forma errónea te parecieron superfluos.
Y me moví durante un tiempo en la incertidumbre, en esa de no saber qué hacer y donde podría llegar, y si merecía la pena.
Hace poco vi un vídeo en el que Abril Lund, una atleta máster estadounidense había conseguido hacer marca en el 1500 tras estar más de un año fuera de las pistas, lesionada. Para recuperarse había utilizado medios propios de atletas profesionales. En uno des sus reels se mostraba corriendo en una cinta, con una especie de cintas que la elevaban para tener menos impacto. No me veo haciendo eso.
Me veo cambiando durante un tiempo de actividad y entrenando otras cualidades que luego, cuando vuelva a estar en plenas condiciones, me permitan seguir mejorando. Hay muchos vasos que llenar.
Después de la incertidumbre, llegó la certeza de que necesitaba descansar. Aunque descansar no es sinónimo de parar, por supuesto. Hasta ahí podíamos llegar. Descansar de intentar llegar mínimamente bien para poder competir en 2 semanas. Ya no. Ahora el centro lo ocupar recuperarme.
Paro para seguir, para volver con las mismas o más fuerzas, para resetearme e intentar ver qué hice mal y qué puedo mejorar.
Empiezo mi libreta de entrenamientos apuntando sensaciones, y todo lo invisible que acompaña al entrenamiento visible. Lo que se olvida, siendo a veces los más importante.

