337º fragmento -Todo te llevó hasta aquí

Me encantó la primera vez que leí la frase: “La suerte es donde confluyen el trabajo y la oportunidad”. Y me quedé pensando.

Yo, siempre he creído que he sido una persona con suerte, por supuesto, no en juegos de azar, donde solo me verás con el décimo de turno que tengo apalabrado con MC desde que llegó a endoscopias cuando yo estaba a punto de estrenarme como adjunta, o con algún otro compromiso por el estilo. El de MC nunca ha tocado ni en la pedrea desde que lo compro (desde que lo compramos todos los del servicio de Digestivo).

Yo, que siempre he pensado que he sido una persona con suerte, registré echando la vista atrás cada una de las decisiones que había ido tomando en mi vida, y vi justo eso que decía esa frase inicial, que no fue suerte, sino que de una u otra manera yo me lo había currado, y que cuando tú currabas, de alguna forma te hacías clarividente y veías pasar ante ti oportunidades en las que antes ni te habrías fijado.

Además de trabajo, tiene que haber propósito. La suerte aparece cuando además de realizar un esfuerzo, eres capaz de dirigirlo hacia algún fin. Ahí fallo bastante, y en muchas ocasiones siento que mi esfuerzo se desparrama y se desvanece por las rendijas de mi indecisión. Tal vez esa sea la definición de la oportunidad que dejas escapar.

Hay oportunidades transversales. Pasan ante ti, las coges, obtienes el beneficio, y a otra cosa.

Hay oportunidades que te llevan a la siguiente, un peldaño, dos o tres más alto de dónde estabas.

Soy más de coger las primeras. Lo sé, a toro pasado.

Cuando subes una escalera tienes que tener bien claro que es lo que habrá allí arriba y estar segura de que eso es lo que te gustará, de que es realmente lo que deseas, para olvidarte del vértigo que supone estar cada vez un poquito más alejado del suelo, para que todo ese esfuerzo se consolide y sirva de base para el siguiente paso que te llevará a la cima. ¿A qué cima?

Ayer leía un titular sobre una foto de Elon Musk: ¿Por qué el 2% tienen éxito y el 98% fracasan?, y también me quedaba pensando.

¿En qué porcentaje estaría yo?

Yo, desde mi prisma, estoy en el 2%. Estoy donde quiero estar. Tal vez no siempre, pero esto es fruto de mi mente dispersa que no deja de mirar horizontes distintos, con una vida demasiado corta para llegar a todos, y con una falta de fe en que haya otras vidas en las que repartir horizontes a los que llegar.

Para Elon Musk yo seré del 98%. Y para muchos otros con menos glamour que éste.

Cuando se habla de éxito, el dinero, el que tengas, está siempre de por medio. Tener una gran casa, un cochazo, ir a cenar a restaurantes caros, dormir en hoteles de lujo, vestir de marca… Necesitas tener un escaparate en el que se refleje que tienes éxito y perteneces a ese dos por ciento.

Esto, lo que yo soy, en algún libro que medio leí, decía que era tener una mentalidad de pobre. Creer que no eres merecedor de tener todas esas cosas. Porque en realidad, si tú no crees que lo mereces, el resto tampoco lo creerá, y por mucho que tengas talento y capacidad de trabajo, si a eso no le pones el precio que merece, otros vendrán a ponérselo y cobrarlo por ti, valiéndose de tu esfuerzo y capacidad, esas dos cosas que creíste que no eran merecedoras del reconocimiento que el 2% está loco por tener.

Un viejo amigo de Motril me dijo: “que no se te ocurra creer que tú has llegado aquí por suerte o casualidad o de la noche a la mañana, que esto tú te lo has currado, aunque no seas consciente de ello, tú te lo has estado currando toda la vida”. Y también me quedé pensando.

Tal vez sea hora de recoger los frutos.

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