270º fragmento -Asomados al abismo: la salvación, en una ciudad activa

Prefiero pensar que no se trata de una moda.

Tendemos a creer que aquello que desconocemos o de lo que no hemos oido hablar, no existe, o por lo menos, a mí me pasa. Y me pregunto dónde estaba metida yo antes, que ni me había enterado.

Espero que no sea una moda.

Tal vez el precipicio se vea desde tan cerca ahora, que no quede más remedio que actuar.

Hace poco la OMS publicó un documento colorido y resumido en el que se instaba a todo el mundo a poner en práctica una serie de medidas para conseguir un mundo más activo, para tener a gente más sana. El plan pretende reducir las más que alarmantes cifras de sedentarismo, y refleja claramente todos los beneficios que se obtendrían si consiguiéramos tener una ciudad activa, no solo desde el punto de vista de la salud física, y también mental, sino en términos económicos y de sostenibilidad.

Hablamos de actividad física, y no de deporte, o de ambas cosas, o de todo aquello que signifique moverse y no estar sentado.

El mejor ejercicio físico es el que se hace, decía Teresa hoy en la sesión dedicada al conocido popularmente como hígado graso, una consecuencia más de malvivir como lo estamos haciendo desde hace ya muchos años.

En el hospital hay una consulta dedicada a ayudar a la gente a dejar de fumar. Un tercio de la población fuma, y el tabaco se ha convertido en la primera causa de muerte evitable. Un tercio de la población… y las cifras entre nuestros jóvenes siguen en aumento. La nicotina es incluso más adictiva que el alcohol o cualquier otra droga que se te ocurra, pero ahí está, al alcance de todos y esparcida por las terrazas de cualquier cafetería.

Un tercio de la población fuma. Más de la mitad tienen sobrepeso u obesidad, y han sembrado para padecer todo tipo de enfermedades que amenazan con colapsar nuestros preciados recursos sanitarios. De hecho, ya se empieza a notar.

La base de la mayor parte de las enfermedades que amenazan con hacer insostenibles las listas de espera y el gasto farmacéutico tienen que ver con nuestro sedentarismo y malos hábitos de vida, ya sea por desconocimiento, o porque somos unos cretinos. El caso es que para esto somos como nuestros hijos, que da igual que les digas un millón de veces que tienen que lavarse los dientes y por qué, que cómo no se lo recuerdes, pues nada.

El ser humano parece ser vago y ahorrador por naturaleza. En las tribus que aun habitan ciertas partes del planeta, moverse en una cuestión de subsistencia. Hay que cazar, recolectar, pescar… lo que sea…, pero si no están en esas, están descansando, pero claro, tienen motivos para descansar después de una larga faena. Hay que reponer fuerzas para la siguiente.

Nosotros descansamos por descansar, o peor aun, porque nuestro cansancio es más mental que físico, o físicamente mental, y lo perpetuamos con una alimentación pésima que justificamos tomándola como una gratificación a lo desgraciada que es nuestra vida.

El otro día una madre me confesaba su incapacidad para prohibirle a su hija comer aquello que sabe que no le hace ningún bien. Le encanta comer, me dice. Los hijos nos echan un pulso constantemente, salvo excepciones muy excepcionales en las que parecieron nacer con todo aprendido y solo hay que acompañarlos. La inmensa mayoría irá hacia lo fácil, hacia la satisfacción de sus deseos más inmediatos, y nosotros, como padres responsables de un desarrollo adecuado en todas las esferas, deberemos establecer los límites, lidiando con todas sus exigencias, y no cediendo a ellas. Porque lo que hagas ahora, tendrá su recompensa en el mañana.

¿Le darías un cigarrillo a tu hija de 10 años? Por supuesto que no. Pues eso es lo que estamos haciendo con nuestros hijos cuando no fomentamos unos hábitos de vida saludable.

Vivimos de las rentas de una generación que se crio jugando en la calle sin parar, en los colegios, comiendo dieta mediterránea cuando aun ni si quiera le habían puesto ese nombre, libres de pantallas, y de videojuegos, y de trabajos sedentarios. Vivimos de esas rentas, pero ya empezamos a ver el abismo.

Una ciudad activa, una Almería activa, decían ayer en la reunión a la que fui invitada para aportar alguna idea, aunque más bien escuché todo lo que expertos del tema tenían que decir. Todo lo que yo he pensado que debía ser nuestro entorno, y mucho más de lo que había pensado. Esa es parte de nuestra salvación, que nos proporcionen un entorno adecuado lleno de posibilidades para movernos. La otra, está en nuestras manos.

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