309º fragmento -Si es solo un momento (para ti)

Me preguntaba el otro día cuantas veces habría hecho yo uso de “solo es un momento” para comentar algo, para pedir un favor que a todas luces parece insignificante, para interrumpir a alguien, aunque fuera en su descanso, para lo que sea. Porque son solo 5 minutos, que la mayoría de las veces son mentira, porque el tiempo, cuando somos los interesados, corre mucho más deprisa de lo que somos capaces de contar, y los 5 puede que se trasformen en 10 o en 15, y en lo que venga después.

Últimamente le doy vueltas a cómo hacer para que mi mente no se desparrame entre 5 sitios al mismo tiempo. La prueba endoscópica que estoy realizando, las que hay que citar por orden de prioridad según la urgencia, lo que me pregunta la enfermera, la residente que aparece por la puerta, el cirujano que entra para comentar un caso, y los que vienen a pedir un favor porque tienen a un familiar o amigo amiguísimo muy malo y necesitan contártelo.

Y es que últimamente todos estos ladrones de tiempo incontrolados e incontrolables parecen adueñarse de mí, y someten mi cerebro a un estrés que hacen que acabe la jornada pidiendo auxilio, con un cansancio emocional y físico que tal vez solo consiga reparar cuando pase un rato al aire libre desconectando la mente entre trote, series, ritmos sostenidos o gimnasia automatizada que no precisa de mayor atención por mi parte. Ese es mi tiempo de dejar la mente en blanco, en paz, pero últimamente ni si quiera en esos momentos estoy desconectada.

El cansancio emocional y psíquico requiere para recuperarse de un cansancio físico de verdad, no el proporcionado por el primero con toda la liberación de cortisol y acompañantes, sino el que se acompaña de todas las sustancias terminadas en -finas. El bienestar posterior, la falta de preocupación, la resolución de tinglados y la reordenación de prioridades, nunca tuvieron mejor momento que cuando acabas exhausta o medianamente fatigada. Todo se recoloca.

Sin embargo, al día siguiente te despiertas en el día de la marmota y pasas una nueva mañana deseando que la siguiente sea algo mejor.

Mis ladrones de tiempo son todas las cosas importantes que les pasa a los demás, los que pensaron que solo requerían 5 minutos del tiempo ajeno y para mí terminó siendo media hora. Media hora de uno. Rara vez es solo uno el ladrón de tiempo que aparece en un día.

Y tal vez sea yo la culpable por no querer parecer antipática, desagradable, o demasiado despreocupada por el mal ajeno. Y no me importaría si no estuviera desbordada gran parte de mi tiempo. Tal vez no sepa como delegar y haya ido abarcando cada vez más hasta rellenar incluso las mañanas de mi jornada reducida que intentaba usar de salvavidas, de válvula de escape, como el que hace buceo a pulmón y asciende a la superficie para tomar una gran bocanada de aire.

Tan solo pido, pausa, como decía IZAL.

Tal vez yo no sirva para abarcar tanto, tal vez haya quien pueda. Que me enseñe.

Y mientras tanto, transcurren los días en la misma tónica, y vivo el desconsuelo de la secretaría de endoscopias, que no da para gestionar tantas cosas, de los pacientes esperando las pruebas, de los compañeros solicitando que se realice cuanto antes y si puede ser el suyo el primero, y del millón de cosas que hay que hacer en un intento por mejorar y optimizar el tiempo y los recursos que tenemos (aparte de los ladrones de tiempo).

Si algún día te digo no, es que ya hacía tiempo que no podía.

Prometo mejorar.

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