319º fragmento – Imposible a priori…, no lo deseas tanto

Recuerdo que el día de la. entrevista estaba agotada.

Recuerdo que un banco de niebla se había instalado desde la mañana temprano en Almería, amenazando con no desaparecer ni rendirse ante la subida lenta del sol de otoño. La niebla se metió en mi cabello y lo hizo parecer incluso peor de lo que es. Me di cuenta anoche.

No trabajaba esa mañana. Sí por la tarde.

Recuerdo que pospuse una charla sobre el aparato digestivo para la clase de sexto de primaria en la que Martina, orgullosa de su madre, había dicho que era enfermera de Digestivo, segura de que era así porque un día me preguntó que si yo era doctora como sinónimo de médico, y yo le expliqué que no lo era como sinónimo de doctorada. Si no es doctora, será enfermera, pensó.

A las 10 tenía que estar en el Anexo del Estadio de los Juegos del Mediterráneo, desgraciadamente rebautizado como Power Horse Stadium, para reunirme con Lola Parra y compartir con ella, y con Fran, un poco sobre mí.

Eso fue hace aproximadamente un mes, antes de que me viera anoche en el programa de Orgánica de Interalmería, poco después de que se pusiera Lola en contacto conmigo para proponerme la entrevista, y yo dudara de si era merecedora de esa atención.

Una vida normal e imperfecta, tan imperfecta que a veces no sé ni como avanza, contada en un ratito, bajo la influencia de lo que el deporte ha supuesto para mí, esta vuelta tardía a disfrutar de placeres que me parecieron en algún momento solo reservados a menores de treinta.

Me considero afortunada.

Siento que nada es a priori imposible, que lo que no está a nuestro alcance es porque realmente no nos interesa lo suficiente.

El otro día leía por una red social una de esas frases que parecen encerrar toda la sabiduría adquirida por la experiencia de un famoso que ha vivido a tutiplén. Decía algo así como que envejecer era el camino por el cual nos convertíamos en la persona que deberíamos haber sido desde el principio. Y cuanto más lo pienso, más discrepo.

No discrepo porque piense que no me representa. En parte, en gran parte, me siento claramente identificada. Siempre he pensado que he ido madurando y adquiriendo habilidades de manera tardía, como si por alguna razón mi desarrollo hubiera estado retardado respecto a los demás. Me parece que he ganado en seguridad, tal vez, demasiado tarde. El caso es que siempre que echo la vista atrás, veo cosas que he mejorado, y siempre que miro hacia delante, veo cosas que puedo mejorar. Eso de la mejora continua que piden el cualquier sitio en el que se quiera trabajar con calidad. Ese ir autoevaluándose de vez en cuando para ver dónde estás y cómo, y como resultado, seguir yendo en la misma dirección, o cambiar ligeramente, o tal vez por completo, el rumbo de nuestro pasos.

Sin embargo, transformarse en la persona que deberíamos haber sido desde el principio requiere de que los valores que guían nuestros pies sean los adecuados. Y eso también se aprende. Si quieres.

Al final, el resultado debe ser que cada uno sea feliz con aquello que hace, con cómo vive, y que ello no menoscabe la felicidad de los demás. Son nuestros actos lo que nos definen, aquello que hacemos, ya sea o no visible para el resto de los ojos que no son los nuestros. Pero siempre deberán ser nuestros ojos, nuestra propia conciencia, la que esté tranquila con el camino elegido, en paz, sin tener que justificarnos de ninguna manera por no llegar a ser nuestra mejor versión. Odio frases del tipo “es que ella me ha pegado primero”.

Recuerdo lo bonito que estaba el estadio sumido en la niebla de una mañana de otoño, donde mis pelos de loca, desteñidos, y con la raya abierta por la coronilla, no deslucieron del todo la entrevista a los ojos de mi madre. Tan orgullosa, que ya la ha visto tres veces.

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