“¿Dónde andas? Deja el coche en casa y te acercas andando al estadio a por mí, que ya estoy acabando, que nos vamos a andar”.
En tu cabeza, la idea de querer cambiar las cosas, puede estar rebotando durante semanas, meses, años, o todo lo que tú quieras, porque nadie distinto a ti podrá decidir en qué momento empezar ese cambio. La idea de empezar ese cambio, y verbalizarlo, nos llena de ansiedad, porque no te comprometes, pero quieres comprometerte y hablas de ello como si quisieras mandar una avanzadilla para hacer más cercano el día en el que todo empiece. No tienes ni idea de qué es lo que te frena, si realmente lo tienes tan claro. Yo, que te miro desde fuera, y que hace tiempo dejé de juzgarte, tampoco sé cual es el impedimento.
Ella aparca su coche en la calle de su portal (no lo mete en el garaje, no vaya a ser que pierda tiempo, o tenga que andar más), y tira andando a un ritmo más ligero del que pudieras presuponer dirección a la puerta del estadio anexo que yo he marcado en el google maps para que no se pierda.
La veo a lo lejos. Yo he acabado mis pesas y estoy guardando el material con Daniela antes de salir por la puerta, y ella, en la otra punta, está señalándome (lo intuyo, que la miopía hace de las suyas). Le digo que se acerque con la mano (así anda 100 metros más de ida y 100 de vuelta, pienso), y volvemos a mi casa para que yo me cambie de ropa y sigamos andando a ritmo medio-alto, para dar un paseo total de 5 Kms y acabar en el parque.
Le he llevado unas gomas para enseñarle a hacer algunos ejercicios sin necesidad de nada más, y nos valemos de unos de estos armatostes que han puesto para que la gente que pasea por el parque haga algo de ejercicio. Unas sentadillas, unos pasos al frente, unas subidas al banco, unos tríceps, unos bíceps…, y poco más, porque hemos pasado de la actividad cero absoluta, a algo, y voy intuyendo que esa poca cosa ya va a ser suficiente para producirle unas agujetas que yo no deseaba que tuviera.
Me sorprende su gesto técnico para hacer los ejercicios, su postura, su rapidez para coger cómo debe hacerlo… Y es que hay truco: ella hizo deporte de niña y adolescente, balonmano, y se ha quedado integrado en su ADN. Y es que, es curioso como algo así puede diferenciar a alguien que ha hecho deporte en su vida, de quien no lo ha hecho nunca.
Y pienso que para ella aun hay esperanza, porque solo le falta comprometerse de forma indefinida, y porque tiene tantos frentes abiertos en los que actúa mal y en contra de su salud y con tanta intensidad, que solo con ir mejorando un poquito cada día en alguno de ellos, ya habrá salido ganando.
Intenta flexionar las piernas después del ejercicio hecho y se siente débil, como si le fueran a fallar las piernas e irse al suelo, y me dice: “¿Esto es lo que sientes tú cuando vas en la última recta del 800?”
“Cuando yo voy en la última recta del 800 siento que la próxima zancada puede que me lleve al suelo, porque los músculos dejaron de funcionar, y solamente mi mente es capaz de llevarlos hasta el final”.
“Pues eso es lo que siento yo ahora”.
Hay tanto margen de mejora contigo, que me pongo hasta contenta.
MC: persiste, insiste, y no te des la vuelta.
No dejes que una mejora inicial sea suficiente. Porque esto tiene que ser para toda la vida. Para mejorar la vida en tus años de vida.

