355º fragmento -Difícil ser paciente

Se termina de abrir la puerta que he dejado a medio cerrar para que se sientan invitados a entrar una vez que el código aparece en las pantallas de llamada del turnoSAS.

Desde hace un tiempo, ya no tienes que salir al pasillo a llamar a nadie por su nombre, no hay listas en las puertas, y ya ni siquiera tienes un auxiliar de enfermería que te ayude con las labores administrativas cuando pasas una consulta. Hay que ahorrar.

Ahora, llegas, introduces tu identificación en una máquina, y ésta te devuelve un ticket con un código que asegura la confidencialidad de la persona que va a ser atendida. Aún así, os podéis imaginar: personas que es imposible que sepan como funcionan esas tecnologías, que no saben identificar si les están llamando, y que luego se siguen perdiendo en busca de una consulta que muchas veces han cambiado de sitio. Habrá que mejorar.

J entra, con dificultad para andar, mientras masculla entre dientes que a ver si podemos hacer algo con su gota, que lo trae de cabeza, y eso es lo peor que tiene. No ha llegado a los 70 y tiene una barriga que bien podría ser de un embarazo gemelar de 9 meses, un cuello apenas existente que me recuerda a mi Claudia cuando nació rondando los 4,5 Kg, y una respiración más que evidente que se acelera cuando intenta sentarse sin caerse.

Su médico de atención primaria lo envía porque le vio las transaminasas un poco altas. Poca cosa. Le pidió una ecografía que habrá valido lo justo para identificar un hígado blanco en la escala de tonos grises que tiene el aparato, un hígado infiltrado de grasa. Esteatosis, dicen los médicos

La barriga no es de gases. En ella, la grasa visceral, la que rodea intestinos y demás vísceras internas, y la que se encuentra bajo la piel a modo de tocino, han ido ocupando y aumentando espacios virtuales a lo largo de los años, con mucha inversión calórica por parte de J, que no sabe como llegó a esa situación. Pero vamos, que él, no padece de nada. Si acaso un poco hipertenso, y el azúcar anda regular, una pastilla le ha puesto su médica. A consecuencia de eso el riñón está empezando a funcionar regular, pero parece que aguanta. Él orina bien, dice. El colesterol mejor ni lo miramos, que a él lo que más le molesta es el ácido úrico, que lo trae por el camino de la amargura con los ataques de gota. Se ha acostumbrado a los despertares nocturnos intermitentes porque parece que se asfixia. Mire usted, doctora, está roncando y de repente deja de respirar… y me da un miedo -dice su señora. Normal que se duerma por las esquinas durante el día.

Mire, J, la gran mayoría de las cosas que tiene se quitarían si usted llevara una dieta saludable e hiciera poco a poco algo de ejercicio. Me mira raro.

Pues póngame una dieta -dice.

Más que una dieta tiene que seguir unas indicaciones que pueda mantener en el tiempo. No tomar productos precocinados, ni procesados, ni ultraprocesados. Para resumir, que no tome productos embasados.

Olvídese de la bollería. Pero es que mi señora me hace unos bizcochos muy ricos. Eso puede tomarlo de forma ocasional (ocasional es una vez por semana y sin comer como si no hubiera un mañana).

No tome alcohol, no hay ninguna medida de alcohol que sea recomendable ni saludable, y menos para usted que tiene el hígado “inflamado”.

Tome carne con poca grasa, fundamentalmente pavo y pollo. Me pone cara de asco, que a él lo que le gusta es el conejo y el secreto. La mujer desde atrás me hace un gesto diciéndome que imposible que él coma de eso.

Muévase. -No puedo con la gota. Busque ayuda para que alguien le guíe haciendo ejercicios que pueda realizar, y poco a poco se encontrará mejor. Es una de las mejores inversiones que puede hacer, pero necesita a alguien que le diga cómo hacerlo.

Me sigue mirando raro, esperando que le mande las pastillas mágicas.

La mujer, que se encuentra sentada en un segundo plano porque no caben las dos silla enfrente de mi mesa y al lado de la camilla, me hace gestos desde atrás que me dicen que es una batalla perdida, que no tiene fe.

Yo le propongo repasar qué come a lo largo del día para darme cuenta de que casi el 60% de lo que consume entraría en el grupo de no tomar nunca o de forma ocasional, con una fiesta de calorías que solamente con lo que toma en el desayuno ha cubierto la energía necesaria para ese día. El resto del día, a guardar en el faldón.

Batalla perdida.

He gastado mucha saliva, y espero que ojalá haya servido de algo, pero yo tampoco tengo fe.

Cuando sale por la puerta y tuerce hacia el pasillo hay una máquina expendedora llena de productos procesados, bollería industrial, zumos, refrescos…

Qué tal si empezamos por lo básico.

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