Y cómo empiezo.
Pues apunta. Sé consciente.
Ya, pero para qué.
Porque tienes que saber donde te equivocas, porque no es lo mismo creer que lo haces todo bien, o no tan mal, a saberlo con seguridad. Está claro que algo no haces bien, porque si no, ya lo habrías conseguido.
Puf, pero es que esto es muy difícil.
Y nadie dijo que lo fuera, pero todo se va haciendo más fácil conforme avanzas, vas aprendiendo, vas ahorrando tiempo, vas ganando en manejo… ahora es difícil, luego lo será menos.
Mi madre me mira asombrada mientras le intento explicar brevemente de qué manera almacenamos las calorías en nuestro cuerpo, y la importancia que tiene saberlo. Porque mamá, cuando estamos en reposo o hacemos un ejercicio de baja intensidad usamos preferentemente las grasas, pero no te creas que gastamos mucho. Cuando el ejercicio es más intenso, necesitamos energía más rápida, y esa está en el músculo en forma de glucógeno (la cantidad que puedas acumular, dependerá de la masa muscular que tengas) y unas 300 Kcal de glucógeno en el hígado (unos 70-100 g, que en realidad pesa unos 300-400 g, porque está disuelto en agua), puede que algo más. Cuando consigues rellenar estos depósitos, tu cuerpo ya tendrá que seguir almacenando en forma de grasa.
“Entonces, mamá, ¿cuando va a haber menos riesgo de que almacenes lo que te comes en forma de panículo adiposo?”, y me mira con una expresión como si no fuera con ella, como el alumno que espera que responda el que está detrás, y espera que yo me conteste. “Pues cuando están vacíos los depósitos de glucógeno, después de hacer ejercicio más intenso que andar, que para eso vamos a hacer entrenamiento de fuerza, para vaciar depósitos y para aumentar tu gasto en reposo”.
Porque el objetivo que nos hemos marcado no es perder peso, es perder grasa y ganar masa muscular. Y ya de paso baja de peso y de perímetros.
“¿Y esto en que se traduce?, en que aumentará el gasto energético en reposo, porque el músculo gasta más que la grasa, es más activo; estarás más ágil, y te sentirás mucho mejor”.
70 años tiene mi madre, y es bastante más activa que la media de la población, pero aun así puede mejorar, y nos hemos propuesto que así sea.
Mamá, disculpa, pero como quieres ser ejemplo, pues voy a desvelar datos, de donde partimos, por si alguien se anima a aprender. Partimos de 69,6 Kg, 158 cm de altura, IMC 28 (sobrepeso), 28% grasa aproximadamente (3 pliegues medidos, un poco más de lo recomendable para su edad y sexo) y muchas ganas de quitarse la CPAP, ese aparato del demonio que te inyecta aire a presión mientras duermes para evitar la apnea nocturna y disminuir perímetros allá donde estén aumentados.
“Abre la libreta, vamos a apuntar lo que has comido estos días” (y eso que sé que bajo presión se ha recortado). Y vamos apuntando, y vamos contando Kcalorías y a empezar a detectar errores en lo que come. Buscaremos alimentos de baja densidad calórica y más nutritivos y saciantes. Buscaremos cuando es mejor comer el qué. Iremos aprendiendo juntas. No queremos dietas, queremos aprender a comer mejor, a vivir mejor.
Todo cuenta.
Necesitamos un déficit de entre 300-500 Kcal para perder en torno a 300-500 g a la semana de grasa (con que nos quedemos en los 300 nos damos por satisfechas), no más, para preservar el músculo. Nada de pérdidas enormes al principio para no avanzar, para reducir nuestro gasto calórico basal, para ser más grasa y menos magra, y para volver a empezar unos escalones más abajo, menos sanos y más desmotivada. Pero ojo, que al principio se pierde más, solamente por el hecho de bajar la ingesta total de sal, perderemos agua. No te vengas arriba que eso es nada.
Un aguacate de casi 300 Kcal. ¿Tanto? Sí, un aguacate normal, verde, que lo verde suele ser sano. “Ya no compro más aguacates”, dice.
“Pues en la bebida de arroz no hay azúcar”. La bebida de arroz es azúcar, mamá, lo que más tiene son carbohidratos, eso son azúcares. Y es que damos por hecho que cuando ponen sin azúcar añadido ya está todo hecho.
“Pues iremos aprendiendo”. Pues eso. Aprender es lo que nos mantiene vivos.
Ojalá no nos cansemos. Ojalá sepamos hacerlo.
Ojalá que la fuerza de voluntad flaquee poco.
10 Kg menos para Navidad, menos grasa, más músculo, Más arrugada, más ágil, más… ojalá.

