251º fragmento – Por qué engordo tan fácilmente, “si no como na”

Pensaba hacer una lista de posibles causas.

Empecemos de las más importantes a las menos, aunque muchas de ellas se peleen por el puesto..

“A mí todo me engorda”, “es mi metabolismo”, “es que tengo hipotiroidismo”, “es que soy diabética y si no como me baja el azúcar”…

Nos falta saber. Nos falta aprender. Falta que alguien nos quiera enseñar. Y falta que queramos escuchar a los que nos enseñan.

Que tu panículo adiposo haya aumentado kilos y kilos desde que eras un niño no ha sido cosa de un día.

Vamos a diferenciar tener peso de más, con tener grasa de más. Tal vez sería más correcto valorar la proporción de nuestros principales almacenes de energía: el músculo y la grasa. Esto es mejor, porque el peso puede estar bien para tu estatura, pero no me está dando información acerca de lo sano que estás, acerca de la composición de tu cuerpo, tan importante para prevenir enfermedades.

Empezamos a engordar porque comemos más de lo que gastamos, ese es el motivo principal. Nadie engorda si el saldo es cero o negativo, para hacerlo, es necesario meter más de lo que sale. Eso es así, y el que no lo quiera ver, ya puede dejar de leer.

Engordamos porque somos sedentarios, porque no nos hemos dado cuenta de que poco a poco hemos reducido nuestra actividad física por mil motivos distintos: nuestros trabajos son sedentarios, nos desplazamos en coche a sitios donde antes íbamos andando, y poco a poco, el no hacer, llama al hacer menos todavía.

Engordas porque has perdido masa muscular, reemplazada en su lugar por grasa que contiene reservas para más de 3 meses de hambruna. El músculo, nuestro abanderado de la salud y metabólicamente uno de los tejidos más activos, el horno que quema calorías incluso en reposo, ha dejado paso a un tejido que apenas se mueve, que afea nuestra barriga y nuestras piernas, pero que además, favorece procesos que llevan a la obstrucción de arterias, a la diabetes, a la hipertensión arterial…

Subestimamos lo que comemos y sobreestimamos lo que gastamos.

Engordas no porque cumplas años, sino porque has dejado de cuidarte acorde a tu edad. Con los años se disminuye el gasto calórico en reposo, y solo nos queda compensarlo con nuestra actividad física y comiendo mejor, con alimentos nutritivos con baja densidad calórica. Con los años necesitamos comer menos, a no ser que sigamos siendo muy activos.

Engordamos porque nos pegamos atracones que son difíciles de compensar. Una ingesta en el que hayas consumido 500 Kilocalorías más de lo que tus depósitos de glucógeno son capaces de guardar, irán directamente a tu panículo adiposo, poco menos de 50 g de tocino quedarán almacenados sin saber luego muy bien si volverán a salir (eso la báscula de un día a otro ni se entera, pero ahí va poco a poco aumentando, como el goteo de un grifo).

Engordas porque has acostumbrado a tu cuerpo a que la insulina siempre esté alta, sin periodos en los que baje y se favorezca la movilización de grasa desde nuestra reservas. Si no dejas que haya más de 3-4 horas entre ingesta estarás siempre diciéndole a tu cuerpo que se guarde la grasa, que aquí hay comida de sobra.

Engordas porque no sabes bien qué ejercicio físico, qué cantidad, con qué intensidad y frecuencia tienes que hacer, porque nos han dicho hasta la saciedad que hay que andar, pero andar apenas quema calorías (aunque algo sea mejor que nada) ni tiene casi efecto sobre nuestra fuerza y masa muscular. Porque lo que vamos perdiendo con el tiempo es músculo y necesitamos hacer actividades que impidan su pérdida, o que lo aumenten cuando partimos de poco. Porque músculo, es salud.

Engordas porque comes por ansiedad, no porque tengas hambre, aunque creas que sí.

Engordas porque engulles y no le das tiempo a tu cerebro de que se entere de que ya es suficiente. Te pasas de frenada, con comida sin digerir acompañada de todo el aire que metemos en nuestro tubo digestivo como consecuencia de comer rápido.

Engordas porque no sabes que lo estás haciendo. Olvidaste tenerte en cuenta, ver hacia donde ibas.

Engordas porque has convertido la comida en el centro de tu vida, en vivir para comer, cuando deberías ser todo al contrario. Hay que buscar activamente satisfacciones que vayan más allá de aquella que te produce un buen puñado de calorías en la boca.

Y lo menos frecuente y más socorrido para todos, es que engordas por algunas extraña o frecuente alteración en tu metabolismo que hace que lo hagas. Hasta estos adelgazarían en la isla de los famosos.

A mi modo de ver, engordamos porque nos da igual, o porque no sabemos que herramientas usar, y porque por desgracia, estamos rodeados de métodos prometedores, cuasimágicos, dietas hipocalóricas o con todo tipo de variantes que nos hacen creer que hay que hacer algo especial para estar saludable.

Y lo único especial que hay, es comer bien y moverse mejor. Siempre.

Deja un comentario