291º fragmento – Por un ratico, fue de los nuestros

Qué Alejandro es. No será Alejandro Sanz, Rodri.

Era el cumpleaños de mi madre y Rodrigo hablaba con un colega por el teléfono, y mi madre desesperaba por saber quién era. Que dice Alejandro que felicidades, Carmen.

Si, hombre.

Te lo paso.

Felicidades Carmen. Y ya no sé qué más le dijo, pero seguro que algo precioso, porque es capaz de escribir frases que tocan el alma en un solo instante.

Fantaseamos con la idea de que mi madre lo invitara al próximo cumpleaños, a comer arroz al estilo Carmen, que nunca sabes cómo va a salir, pero que siempre está de estrella Michelín.

Ale, tú te traes el propofol ese que pones en las endoscopias, y lo dormimos, y lo abrazamos.

Achuchable. Así nos parecía que tenía que ser Alejandro Sanchez Pizarro. Una buena persona achuchable, de esas que saben recibir un abrazo y darlos como nadie, casi fusionándose en él, sin saber muy bien cuando terminar el apretón, como ese que le dio a Cris cuando se la encontró de frente, por delante de nosotros, en los traseros del escenario de Roquetas de Mar. Y yo, los miraba a media distancia, casi perdiéndome el cuerpo de Alejandro, y me imaginaba que una grieta del alma de él se iba cerrando. Y luego aproveché yo un par de ellos, de esos que se dan con todo el cuerpo.

Alejandro y su viviendo deprisa fueron mi primer concierto. Aunque la entrada no reza el año, estoy casi segura de que era allá por el 1992, a punto de cumplir mis 15 años, en el recinto ferial donde ahora se extiende el parque de las familias. Creo que aún no había auditorio, estoy casi segura, porque por entonces Almería, su frontera Este, parecía acabar donde se levantaba mi casa. Un año inolvidable por mi medalla de oro en el Campeonato de España en mi primer año como cadete, con un oro de los 15 años publicado a toda página en la Voz de Almería al lado de mi querido Juan. Mi primer concierto, con Sonia Egea, las dos juntas para ver al ídolo adolescente que hacía gritar a todas las niñas.

Mi hermano Rodrigo, que iba a tatuarlo antes de que actuara, le preguntó que si podíamos pasar a conocerlo (esto me lo estoy inventado, aunque supongo que fue así, y no que salió de forma espontánea de Alejandro). Sus tres hermanos y las parejas. Rodrigo, que con su arte y talento ha conseguido tatuar a personas que a cualquiera nos parecerían inalcanzables, sabe muy bien a quien puede pedirle qué. Incluso sabe si se echará una foto con nosotros sin que le cueste trabajo, que con desgana las cosas es mejor que no.

Lejos de molestarle, nos recibe como el mejor anfitrion de una casa, ofreciéndonos bebida y acceder al contenedor habilitado con aire acondicionado en el back stage, donde pasa las horas previas al concierto, con comodidades improvisadas que se desmontarán y montarán en cada paso que de su gira. Parece todo tan artificial… , pero al mismo tiempo se aprecia el intento porque sea lo más acogedor posible. Nos habla y bromea como si nos conociera de mucho antes, y a mí, me produce el mismo efecto, y solo puedo hablarle como si no fuera el genio que es, sino uno más de nosotros, de mis hermanos.

Tiene la mirada triste, y aunque no leo nada sobre prensa del corazón, Cris me asegura que tiene motivos para estarlo. Más ganas dan de abrazarlo, porque se nota que sabe recibir abrazos, y porque aunque seamos desconocidos para él, él lleva mucho tiempo tocándonos el alma con sus canciones y se ha convertido en algo nuestro.

Gracias, Alejandro, por ese ratico. Que el tiempo es nuestro amigo lo sabes tú, que esto también pasará, también.

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