Pues seguro que la posición de perro boca abajo te viene genial.
Y en un momento me explicó como era, y como estiraba toda la cadena posterior desde la espalda hasta el talón.
La posición de perro boca abajo es una asana, una postura del yoga.
Yo, del yoga, ni idea. Aunque últimamente, no sé si por la edad o porque tengo un centro de yoga debajo de mi casa, me llama cada vez más la atención.
Me he comprado un libro.
En la búsqueda de la solución de mi lesión, ya sin prisas, trato no solo de que vaya mejorando, que para eso también está, y sobre todo está él, Toni, sino que no quiero que me vuelva a pasar. Y es que sé, que en parte fue por dejadez, por no estar atenta a las señales que me mandaba el cuerpo, que al principio se quejaba cuando conducía después de competir lejos de casa, y poco a poco se hizo omnipresente, pero soportable, y desaparecía en reposo, y luego ya ni desapareció.
Ayer corrí 6 Km a 4.25 por Km de media, sin dolor. La primera vez en más de un mes. Hoy no corro, no vaya que la magia de haber despertado sin dolor, desaparezca, y vuelva a empeorar mi humor y mis buenas expectativas.
Ya no tengo prisa, ya pasó la pista al aire libre para mí, y he conseguido abstraerme lo suficiente para que ver desde casa, sentada en el sofá, las diferentes pruebas que se disputan y retransmiten por todos los steamings posibles, no me causen demasiada envidia o desasosiego. En otoño empezará mi turno.
El libro se llama Yoga para mi bienestar, de Xuan Lan, y llevo muy poco leído, pero me gusta. En realidad, me va sorprendiendo como mucho de los consejos que ella va dando a lo largo de las páginas, yo ya los ponía en práctica.
Esta mañana empecé con una meditación de 5 minutos en la que conseguí no pensar en nada más que no fuera mi respiración, en como entraba y salía el aire desde mi nariz a mis pulmones, desechando cualquier otro pensamiento parásito, con cierta facilidad, todo un logro para mí, con un cerebro desbordado por pensamientos parásitos que la mayor parte del tiempo va a mil por hora. Desconecté. Y luego, me puse el bikini y me fui a bañarme en la piscina desierta, por lo temprano, de mi comunidad. Me supo a gloria.
Hoy celebramos el santo de mi madre. Hoy hará su arroz estilo propio del que no va a disfrutar Alejandro, que continúa de gira pasando calor. Seguiremos fantaseando con que viene.
He seguido leyendo el libro. Esta mujer se hizo muy famosa en la época en la que todos estábamos forzosamente recluidos en nuestra casa, esperando a que ese virus desconocido hasta entonces nos diera una tregua. Ella, con sus vídeos y rutinas de yoga, ayudó a mucha gente a manejar el estrés de una situación que jamás habríamos imaginado. Me gusta, aunque lo diga desde la perspectiva de alguien que desconoce por completo el mundo de los yoguis y todo lo que ello significa. El caso es que lo de tener en armonía cuerpo, mente y espíritu, me parece de lo más esencial, la base donde debe asentarse nuestra vida, totalmente indispensable para alcanzar el tan ansiado bienestar. Vivir en el momento presente, alimentarnos bien, cuidar nuestro bien más preciado, que no es otro que nuestro cuerpo, ser conscientes del aquí y el ahora…
Y la curiosidad empezó solo con una sugerencia de Sergio, el marido de Silvia. Él me dijo que creía que había muchas posturas y rutinas que podrían venirme bien para prevenir y tratar la lesión. Y yo, que voy cogiendo de un lado y de otro, y que cada vez creo más que el desequilibrio es lo que explica muchas de nuestras dolencias físicas y mentales, me he lanzado sin prejuicios a aprender un poco sobre algo que desconozco totalmente.
Al final, todas las sabidurías milenarias se basan en lo mismo, en una visión holística de nosotros mismos, en tomar consciencia de lo que hacemos y de lo que somos, de saber qué nos gusta y qué queremos cambiar de nosotros mismos, en alcanzar el equilibrio…
Pues eso es la vida. Reequilibrarse.

