295º fragmento -Baja disponibilidad energética: crónica mata; controlada es un plus

Comemos calorías, y comemos nutrientes.

Puedes tener un exceso de calorías en tu dieta, y al mismo tiempo un déficit de nutrientes.

Estuve bicheando cosas sobre nutrición y deporte, y encontré el término de baja disponibilidad energética (“low energy availability -LEA-). De eso, de energía, en la población general, de media, vamos sobrados. Nos sobra energía, y como nos sobra, la almacenamos en barrigas, cartucheras y culos. De nutrientes…, ya es otra cosa. Obesos y malnutridos a veces se dan en las mismas personas, y es que para que todas las funciones de nuestro cuerpo se lleven a cabo de forma adecuada, no vale con echar leña al fuego, sino que hay que saber que leña echar.

En los deportistas, sobre todo en aquellos que tienen que gastar más calorías, o que tienen que tener un peso determinado, o una determinada composición corporal para rendir más…, es más probable encontrar una baja disponibilidad energética. Esto se refiere a que una vez descontada de la energía que ingieres (aquella que te aportan los alimentos), la energía que gastas para realizar ejercicio (diponibilidad energética = energía ingerida – energía gastada en el ejercicio), quizás no tengan suficiente para que se lleven a cabo en su cuerpo todos los procesos biológicos necesarios. Así que nuestro organismo, si no tiene suficiente para que las cosas funcionen, empezará a prescindir de aquello que es menos vital.

La reproducción no es vital, así que una de las funciones que antes se verán afectadas será la reproductiva (y la líbido -ni ganas-), y eso se refleja en la retirada de la menstruación en mujeres que se exponen de forma crónica a este déficit energético, y menos evidente, en los hombres, que disminuye la testosterona. Además, nuestra osamenta, también empezará a tambalearse, y el hueso, en una eterna destrucción y reconstrucción que quiere mantenerse en equilibrio, se verá abocado a dar su brazo a torcer a favor de la destrucción, apareciendo osteopenia y puede que osteoporosis (esto segundo bastante más grave), y probablemente lesiones derivadas de las mismas, como las fracturas de estrés, que me dan más ganas de llamarlas fracturas patológicas, porque en parte, algo comparten con las maltrechas caderas de los nonagenarios.

También podemos prescindir un poco del sistema inmune, que el corazón tiene que seguir latiendo, y los pulmones intercambiando oxígeno con el medio externo, pero nuestros soldados, pueden bajar la guardia, aumentando el riesgo de infecciones y seguramente también de otras enfermedades que requieran un control por parte de este sistema tremendamente complicado que nos mantiene a salvo, como el cáncer.

También se quejará nuestro tiroides, y el perfil lipídico dejará de ser bueno, a pesar de hacer deporte, y el sistema digestivo no será menos. Todos irán funcionando un poco peor, dependiendo de la gravedad y de lo prolongado del proceso.

Al final, o al principio, pero poco a poco, también se afecta el sistema cardiovascular, el que si que es indispensable para la vida, y también el que lo es para que seamos nosotros mismos, nuestro cerebro, disminuyendo nuestras habilidades cognitivas, perjudicando nuestro humor, nuestro estado de alerta…

Y sin embargo, a veces habrá que buscar este déficit, esa baja disponibilidad energética, porque habrá que conseguir un peso adecuado, aquel que mejor se adapte a tu disciplina deportiva y consiga el máximo rendimiento de tu cuerpo, o mejorar la composición corporal, más magra y menos grasa, quien sabe. Y todo deberá realizarse a su debido tiempo, y con una duración determinada.

Cuanto más fino quieres hilar, más complejo se hace todo.

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