369º fragmento -“¿Qué opinas sobre que empiece a tomar Wegovy®?”

Recibí este whatsapp de una una amiga de toda la vida. Seguro que le había costado escribírmelo, porque me conoce y creería que le iba a echar la charla de siempre.

Mi experiencia en el deporte y la medicina me ha llevado a pensar que el camino es claro: moverse más, comer mejor, ser constante. Pero a veces la vida se encarga de mostrarte que no siempre es tan sencillo, y que aferrarte a una única visión puede hacer que te pierdas soluciones que pueden cambiar vidas.

Yo estaba sentada en un banco esperando a Martina. Me tomé mi tiempo para pensar la respuesta. Ella es una de las muchas personas que han iniciado 100 dietas, pero siempre con vuelta al fracaso. Y los años pasan, y cada vez cuesta más.

Me puse a bichear por Pubmed acerca de mecanismos de actuación, efectos secundarios, resultados y estudios que se habían realizado con estos fármacos… y cambié la que iba a ser mi respuesta inicial..
La llamé por teléfono. “Ay Alejandra, perdona que te moleste”, ella es así, siempre piensa que me está molestando. “Creo que sí, que te podría ir bien, creo que tú lo necesitas. Ahora mismo tu cuerpo está sufriendo todas esas consecuencias de la obesidad, y no eres capaz por ti misma de salir de ahí. Necesitas un empujón. Quizá virtual, quizá químico, pero un empujón al fin y al cabo para empezar a recuperar tu salud”. Tal vez se sorprendió por mi respuesta, pero creo que sobre todo sintió alivio.

Siempre había creído que la pérdida de peso era cuestión de esfuerzo y voluntad. Una fórmula aparentemente sencilla: menos calorías, más actividad. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. La obesidad no es simplemente un exceso de grasa acumulada; es una enfermedad crónica, multifactorial, donde la biología, la genética y el entorno juegan un papel decisivo. Cada individuo que la padece es único en su biología y en su contexto, y no todo sirve para todos.

Los nuevos fármacos, como semaglutida (Wegovy) y tirzepatida (Mounjaro), han demostrado en estudios clínicos una reducción de peso significativa, mucho mayor que cualquier otro tratamiento farmacológico anterior.

Pero lo más importante no son solo los números en la báscula, sino los cambios que generan: menos infartos, menor inflamación sistémica, mejoría de la función metabólica y, sobre todo, y para mí, lo más importante, es que pueden ser un gran impulso psicológico que marca la diferencia entre intentarlo de nuevo o rendirse.

La semaglutida funciona imitando una hormona llamada GLP-1 que regula el apetito y el metabolismo. Al actuar sobre los receptores del cerebro, disminuye el hambre y aumenta la sensación de saciedad, lo que facilita reducir la ingesta calórica. La tirzepatida va un paso más allá, actuando sobre dos hormonas: GLP-1 y GIP, potenciando aún más ese efecto.

Mi amiga necesitaba un impulso, y yo necesitaba entender que no siempre es una cuestión de fuerza de voluntad.

A veces, la ayuda llega en forma de un tratamiento que te permite levantarte, empezar a andar, y poco a poco, recuperar el control de tu salud. Si estos fármacos pueden ofrecer esa oportunidad, entonces merecen un lugar en la conversación sobre la obesidad.

Sigo creyendo en el poder del deporte, en la capacidad de la nutrición para transformar el cuerpo y la mente, pero ahora también creo que en determinadas circunstancias, estos fármacos, bien usados, pueden ayudarnos a iniciar el camino.

Eso sí, si pretendéis coger este “atajo”, por llamarlo de alguna manera, hacedlo siempre en buenas manos y con el firme propósito de investigar qué está haciendo que los necesitéis. Estos fármacos, aparte de vaciaros el bolsillo, os darán la prórroga necesaria para poner todo en orden. Tomadlo como un impulso para iniciar el cambio que se necesitáis para estar en equilibrio y poder dejarlo sin volver a la casilla de salida.

Deporte, entorno, hábitos dietéticos… el tiempo que lo toméis debería ser también un tiempo de aprendizaje e inversión en vuestra salud a largo plazo. Para siempre.

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