Hace dos noches empecé a ver destellos por el ojo derecho. Creía al principio que había sido el reflejo de algún coche en el espejo retrovisor, pero siguió incluso cuando me bajé del coche.
La temporada ha acabado. La quería prolongar más de lo que marcaba el calendario, porque era ahora cuando empezaba a entrenar bien y tenía ganas de seguir, pero las luces precedieron a una especie de velo translúcido que iba y venía, y que me hizo pensar que nada bueno ocurría.
Por la mañana a urgencias, a ver que dice la oftalmóloga.
Despierto. El ojo sigue igual.
Como me tenían que hacer un fondo de ojo completo previa dilatación de la pupila… negociamos trabajar durante la mañana y, a última hora, volver para no dejar nada sin hacer. El verano es una época mala para ponerse mala, y hoy las CPREs no se hacen si no las hago yo. Ya tuvimos que repartir las vacaciones para no dejar nada sin hacer, para tener los días cubiertos. Prohibido enfermar.
La mañana transcurre bien. Todo sale a pedir de boca. Los pacientes parecen haberse solidarizado con mi causa y no me lo ponen demasiado difícil. Es curioso, pero muchas veces te parece saber cómo va a ser el día según empiece el primer caso. Si el primero ha ido bien, probablemente todo vaya sobre ruedas. Si el equipo que te rodea, arropa y trabaja contigo es el de ayer, nada puede salir mal. Si hay sintonía, las mañanas se hacen livianas.
Mientras trabajo, la preocupación por el ojo desaparece para reaparecer en los momentos de descanso entre paciente y paciente. Me permito bromear sobre la peor opción como causa de los síntomas, y MC bromea de una forma aun más pesimista. Nada es suficientemente enrevesado para explicar los síntomas que aparecieron anoche y se empeñan en persistir esa mañana, incluso hoy.
Hoy no correré en Málaga. Con lo que me apetecía. Con lo bien que me encontraba.
Mis intentos de no dejar entrar a la vieja a veces se topan con cambios o tarillas asociadas al paso inexorable del tiempo que no puedo controlar, solamente puedo responder de la mejor forma posible, asumirlos, coleccionarlos y minimizarlos. Que ya vamos para cuarenta y ocho (un mes me queda).
Con lo bien que me salieron las series esta semana. Con lo reposada que estaba cuando empecé a ver las luces.
Hemos terminado el trabajo programado y vuelvo a urgencias para que me dilaten la pupila.
Media hora después, el fondo de ojo. Una oftalmóloga y dos residentes mirando atentamente la pantalla y yo escuchando explicaciones que intuyo, por el tono que manejan, que no son sobre algo muy grave, pero tampoco leve. Un anillo de Weiss que ya no recuerdo que es, una inspección exhaustiva del fondo de ojo con una lente que parece que me aplasta el globo ocular… Un desgarro del vítreo, poca cosa, parece, pero con riesgo las primeras semanas de que se produzca un desprendimiento de retina.
-¿Haces deporte?- Me pregunta la oftalmóloga. -Sí, todos los días-. Ya está allí MC para aclarar que soy una atleta máster superior pro, que hago mucho, mucho, mucho… deporte, todos los días. -Qué suerte- se escucha en tono bajo decir a la residente.
-Pues nada de correr ni de deporte de impacto en 3 semanas-. ¡Pumba! Adiós a Málaga y al punto final de esta temporada.
Pues nada. Cosas de la edad. Paramos tres semanas (de hacer cosas con impacto). La opción real resultó ser mucho mejor que la ideada.

